Artículos y Comentarios de Interés General sobre
 la situación social, política y económica de España
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César Vidal Manzanares (Madrid, 1958) es un escritor y periodista español, autor de numerosas obras de divulgación histórica, ensayos y novelas Roberto Centeno - Pulsa para acceder a su página Carlos Herrera Crusset (Cuevas del Almanzora, (Almería), 8 de julio de 1956) es un periodista español que ha desarrollado su trayectoria profesional principalmente en la radio, aunque también ha realizado una labor destacada en otros medios, como la televisión y la prensa escrita. Carmen de Posadas Mañé (nacida el 13 de agosto de 1953 en Montevideo, Uruguay) es una escritora uruguaya-española, residente en España. Javier Marías Franco (Madrid, 20 de septiembre de 1951) es un escritor, traductor y editor español. Es miembro de la Real Academia Española desde 2006 y ocupa el sillón R. Javier Nart Peñalver (n. Laredo, Cantabria; 1947) es un abogado, ex político, ex corresponsal de guerra y escritor español, contertulio en numerosos programas de radio y televisión.

Los Articulos de Roberto Centeno, por su extensión, se han incluido en una página separada. Pincha en la foto para acceder a su página.

27/03/2011  Época de soplones y policías (Javier Marías)

 

27/03/2011 Basura universitaria (Carlos Herrera)

 

25/3/11 Mala cabeza en Libia (Cesar Vidal)

 

23/03 El arte y la nada (Javier Nart)

 

20/03/2011 Estaré con el mundo hata que este muera (Julian Marías)

 

18/03/2011 Breves reflexiones atómicas (Carlos Herrera)

 

18/3/11 'Nunca mais' nipón (César Vidal)

 

16/03/11 Togas y tricornios (Javier Nart)

 

13/03/2011 El ahorro de España, y el suyo de usted (César Vidal)

 

11/03/2011 Pobreza, castidad y obediencia

 

11/03/2011 La mili de ayer y hoy (Carlos Herrera)

 

06/03/2011 Dos postdatas (Julián Marías)

 

04/03/2011 El rumboso Zapatero (César Vidal)

 

27/02/2011 La Yihad Antitabaco y algunos tontos (Carlos Herrera)

 

25/02/2011 No veo la hora (César Vidal)

 

18/02/2011 Impunidad (César Vidal)

 

18/02/2011 El jeroglífico zapaterista (Carlos Herrera)

 

11/02/2011 Ese ERE y Olé (Carlos Herrera)

 

11/02/2011 Gandhi, la sal y Cataluña (Cesar  Vidal)

 

06/02/2011 Discusiones ortográficas II (Javier Marías)

 

30/01/2011 Discusiones ortográficas I (Javier Marías)

 

28/01/2011 El cuento independentista (Carlos Herrera)

 

28/01/2011 ¡Adios hi-poteca, adios! (Cesar Vidal)

 

24/01/2011 El paso cambiado de la politica (Carlos Herrera)

 

23/01/2011 Delaten, no se priven (Javier Marías)

 

21/01/2011 Estudiemos chino (Julio Cesar Vidal)

 

16/01/2011 El «hoax» de una supuesta funcionaria y su carta bulo (Carlos Herrera)

 

14/01/2011 María Emilia en el Tribunal Constitucional (Cesar Vidal)

 

7/1/2011 Gran Coalición (Cesar Vidal)

 

07/01/2011 El Fumeque y los chivatos (Carlos Herrera)

 

02/01/2011 El asombroso caso de Serafín García (Carlos Herrera)

 

2010

 

31/12/2010 2011 (Cesar Vidal)

 

19/12/2010 Que se diviertan con su dinero, no con el nuestro (Carlos Herrera)

 

17/12/2010 Rufete en Bruselas (Cesar Vidal)

 

17/12/2010 El asedio Permanente (Iñaki Garay)

 

12/12/2010 El Informe Pisa (Iñaki Garay)

 

19/11/2010 Sexo y Muerte Dulce (Iñaki Garay)

 

14/07/2010 Victoria (Julio Cesar Vidal)

 

10/06/2010 De Antisemitismo y Enigmas (Cesar Vidal)

 

30/11/2008 Al borde de un ataque de nervios (Ignacio de la Rica)

 

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hasta 31/03/2011

 

Javier Marias27/03/2011   Época de soplones y policías

Definitivamente la gente se ha convertido en un peligro para la gente. Siempre he pensado que esta era la época más difícil e incómoda para los reyes, príncipes, políticos y personajes célebres en general. Aparte del dinero que poseen o ganan (no todos: el sueldo de los terceros es del montón y por eso compran tanta lotería premiada o se hacen regalar trajes), pocas les quedan de las viejas ventajas. Antes aparecían en público de vez en cuando y disponían para sí de tiempo no expuesto y protegido por la privacidad. Ahora se los ve a diario en actos y ceremonias soporíferos, viajan sin cesar, no descansan ni un fin de semana y, sobre todo, se ven continuamente acechados por una legión de ojos y oídos de monstruoso alcance: cámaras y micrófonos potentísimos por doquier, a todas horas y aunque estén en medio del mar. Los reyes, y las reinas, tenían antiguamente sus amantes y sus pequeños vicios, y era sumamente improbable que nada de ello trascendiera. Ahora, cualquier individuo semifamoso que ose ser infiel a su pareja, emborracharse, consumir drogas o despotricar con lenguaje más o menos grueso, demuestra un considerable arrojo, porque lo más seguro es que cualquier actividad suya que la mojigata opinión pública actual juzgue censurable, sea descubierta y divulgada por todo el orbe, con consecuencias funestas para el transgresor. Si añadimos que en los últimos años todo el mundo lleva una cámara en su móvil y es por tanto un paparazzo en potencia, y que buena parte de la humanidad sufre una irrefrenable vocación delatora y un frívolo deseo de perjudicar al prójimo, sobre todo al que se cree “envidiable” por cualquier razón, nos encontramos con que nadie está a salvo nunca, ni siquiera las personas que no son públicas ni célebres.

Un ejemplo sencillo de esto último: si cuatro empleados de una oficina se reúnen en un bar y uno de ellos empieza a echar pestes de su jefe, con la habitual exageración a que lleva ser jaleado por la compañía o verse enardecido por el alcohol, ya nadie nos puede asegurar que uno de los colegas no nos esté filmando a hurtadillas y no vaya a ir mañana a mostrarle al jefe las pruebas de nuestro delito. Así, lo que antes solía carecer de consecuencias -desahogos y palabras que se llevaba el viento-, hoy puede acarrearlas gravísimas. Se puede acabar con toda espontaneidad, con toda confianza, y, lo que es peor, con toda libertad. Nada le habría sucedido al diseñador John Galliano si no lo hubieran grabado con un teléfono móvil mientras, borracho y a solas en un café parisiense, se encaraba con unos vecinos de mesa y les soltaba impertinencias de pésimo gusto que para el puritanismo actual son “atrocidades” merecedoras de cárcel. Me trae sin cuidado ese modisto que parece salido de una anticuada obra de Jean Genet, pero no puedo evitar que los comentarios que han propiciado su denuncia y su expulsión de la casa Dior me recuerden a los que tantas veces he oído a gente normal que se tornaba lenguaraz, o aun momentáneamente venenosa, con unas copas de más. Un respetabilísimo autor, que hace años recibió el Premio Cervantes, se pasó medio partido Real Madrid-Real Sociedad, en Chamartín, gritando “ETA, mátalos”, sin que los amigos con quienes compartía tribuna se hicieran cruces ni le dieran mayor importancia. De haber habido una cámara a su lado, ese autor se habría labrado un desprestigio vitalicio y jamás habría sido galardonado. (Al día siguiente, por cierto, lo asaltó el arrepentimiento y una pésima conciencia por los gritos que había proferido, así que todos los testigos lo olvidaron sin más, sabedores de la habitual rectitud de ese autor.)

Hace muchos años, nada más llegar a un café nocturno, me topé con una elogiada escritora que, sin que yo le hubiera hecho nunca nada -lo juro-, me saludó a improperios (“¡Hay que acabar con este tío nefasto!”, instaba a la concurrencia, y eso era lo más suave), en manifiesto estado de embriaguez. Desde entonces he procurado evitarla -como a otra que me dejó en el contestador varios recados del tipo: “Si tuviera una metralleta te acribillaría ahora mismo sin compasión”-, pues ninguna de las dos se disculpó a posteriori jamás; pero, francamente, nunca se me ha ocurrido tenerlas por exterminadoras por causa de sus arrebatos, mientras que Galliano ha quedado, para los restos y para el mundo entero, como un nazi cabal porque, probablemente en un momento de lengua descontrolada, no se le pasó por la cabeza otra manera de insultar a sus vecinos de mesa que decirles: “Me encanta Hitler, habría gaseado a gente como vosotros y vuestros putos antepasados”. Yo oí numerosas veces al hoy mitificado Michi Panero soltarles cosas equivalentes a quienes se le atragantaban en un bar: “Cómo echo de menos los tiempos de Nerón: tipos como vosotros habríais sido pasto de los leones”. Ni siquiera los vituperados solían cabrearse ante semejantes exabruptos, eran épocas en que se sabía poner las cosas en su contexto y su circunstancia, se distinguía la exageración y no se defenestraba a nadie por un ocasional exceso alcohólico verbal. No se magnificaba, no se perseguía con saña cualquier salida de tono o metedura de pata, no se tomaba todo en serio siempre ni al pie de la letra ni se sacaba de quicio. Y no de todo quedaba constancia en forma de filmación: no se era rehén, de por vida, de lo que se había dicho a la ligera en un ataque etílico o de furor. A muchos les parecerá mal que afirme esto, pero me parecían épocas mucho más civilizadas. Porque la más incivilizada, intolerante y autoritaria de todas es aquella en la que muchos ciudadanos se convierten no ya en paparazzi, sino en chivatos y policías permanentemente de servicio.

 

Carlos Herrera27/03/2011 Basura universitaria

Un acopio de energúmenos borrachuzos asaltó la capilla de la Universidad Complutense de Madrid en un muy valiente acto de protesta por la presencia católica en el seno de la misma. Otrosí en la Universidad de Barcelona. Ambos actos, con la sonrisa timorata y cobardona de ambos rectores. En el caso de la de Madrid unas cuantas estudiantes meonas escenificaron la valentía de quedarse en prendas menores junto al altar mientras articulaban danzas tribales. En la barcelonesa desplegaron una pancarta mal redactada en la que reclamaban el carné de católico para poder acceder a la misma. Ambos grupos de futuros parados, que parecen directos herederos de las turbas de los años treinta, exhibieron la vocinglera ignorancia de los fanáticos, la ridícula tendencia a la bufonada que muestran los descerebrados radicales y la violencia extrema de los intolerantes que calientan su temperatura intelectual con calimochos y garrafones.

Toda esa chusma universitaria, la misma que impide a empujones y griterío la libertad de expresión en diversas facultades españolas, decidió violar un derecho fundamental de cualquier ciudadano en cualquier ámbito social: el de reunión y el de culto también. La autoridad, ausente en todo momento, calla como una puta acomplejada y no se atreve a decir ni pío. La turba, hoy orgullosísima de su proeza, justifica su acción con palabras balbucientes y con medias ideas libertarias, mientras se muestra dispuesta a continuar con heroicidades semejantes ante la inacción de quienes deberían, al menos, decirle complacientemente que eso no se hace y que no está bien. Los rectores no sirven ni siquiera para eso. Son unos pobres mierdas.

El anticlericalismo barato, la nostalgia del anarquismo incendiario de los peores años de nuestra historia, ha desembocado en una suerte de delincuencia organizada por un laicismo simplón tan del gusto de alguno de nuestros responsables públicos y en una cobarde reacción de quienes deberían guardar, al menos, la apariencia de garantizar los más elementales derechos. Ya sabemos que no sirven, que están acojonados, que son unos bobalicones y que buscan a diario excusas para no ejercer su autoridad, pero al menos que disimulen algo y aparenten guardar algunas formas. Matones de la peor escoria se dedican a insultar a los estudiantes que dedican unos minutos de su tiempo a acudir a algún oficio religioso de los que se celebran casi clandestinamente en algunas facultades y que no acabo de comprender exactamente en qué molestan a esta compleja mezcla de ignorantes y descerebrados, amigos de escribir en pancartas baratas y en eructar proclamas sectarias y fascistoides. De haber una mezquita en la sede universitaria -que podría haberla sin ninguna objeción-, ninguno tendría huevos de plantarse en la puerta de la misma a escupir cualquiera de sus proclamas. Ahí me gustaría ver a toda esa valiente muchachada comedora de basura ideológica.

Una sociedad que no sabe respetar espacios de libertad de culto y conciencia es una sociedad que no vale la pena, que no es capaz de articular espacios de tolerancia. Una universidad que no sabe reaccionar ante la acción chulesca y bufa de unos colectivos crecidos y desafiantes es una universidad incapaz de formar individuos libres, sujetos que en el futuro deberán comandar una sociedad de emprendedores, liderar el crecimiento colectivo, edificar el progreso y fomentar espacios de libre creación. Si esta excrecencia es la que tiene que edificar la España del mañana, así los coja confesados a los que coincidan con ellos.

Sería deseable que los responsables políticos y sociales que se llenan la boca de libertad y respeto, cuando no de confesionalidad católica, organizaran, si tienen lo que hay que tener, un acto de desagravio y acudieran a algún tipo de oficio con tal de solidarizarse con los pocos o muchos que quieran ejercer su derecho de culto en la Universidad. Y, luego, que los bravos rectores de ambas universidades propongan a los valientes alborotadores que realicen un curso de Erasmus en la Universidad de Teherán. A ver si hay cojones.

 

Julio Cesar Vidal25/03/2011 Mala cabeza en Libia

Con las banderas de la mentira y la demagogia desplegadas al viento -que, como todo el mundo sabe, es el dueño de la tierra- el Gobierno de ZP nos ha metido en la guerra de Libia.

Paso por alto el espectáculo obsceno de tanto titiriceja del no a la guerra callado como una ramoneta o incluso justificando la intervención. Ni siquiera voy a mencionar la tibieza de Rajoy o el apoyo servil de los nacionalistas. Hasta me voy a olvidar de Blanco comparando esta guerra con la de Irak y dejando claro una vez más que no logró terminar ni primero de Derecho.

Quiero centrarme más bien en las consecuencias que va a tener para nuestra magullada economía esta aventura cuya finalidad exacta ni siquiera el inefable ZP ha conseguido explicarnos. Según los datos que maneja el Ministerio de Defensa, se elevarían hasta los 25 millones de euros si la misión llegase a prolongarse tan sólo tres meses, tiempo mínimo para el embargo marítimo al país norteafricano. Todo ello se sumaría a los 787,9 millones que gastamos el año pasado en guerras, según informó Carmen Chacón durante su comparecencia ante la comisión de Defensa del Congreso el pasado diciembre.

No está nada mal para un Ejecutivo pacifista que recorta las pensiones. Pero añádanse los contratos que vamos a perder con Libia -que no pasan sólo por el petróleo- y que irán a parar a Alemania si Gadafi aguanta en el poder y a Francia si se imponen los rebeldes; o a ambos si, como puede pasar, se divide el país.

O sea, que vamos a perder dinero por un concepto y por otro y por el de más allá. ¿Para esto el rey permitió que Gadafi lo llamara "ahi" (mi hermano)? ¿Para esto Gallardón regaló al dictador libio las llaves de Madrid? ¿Para esto consintió ZP que se vendieran al tirano millones de euros en armas? ¿Para esto se sacrificaron los más diversos nacionalistas recibiendo subvenciones cada vez que aparecían por Trípoli, por ejemplo, para los congresos internacionales sobre el Libro Verde? ¡Cuánto sacrificio, cuánta abnegación, cuánta buena acción echadas a perder por una mala cabeza!

 

23/03/2011 El arte y la nada

La Policía de Maguncia ha entrado en un almacén siguiendo la pista de sospechosas importaciones desde la República Popular China. Y se ha encontrado con decenas de esculturas del acreditado artista Giacometti? más falsas que Judas.

Estas piezas pusieron en alerta a las autoridades alemanas por su sorpresiva aparición en el mercado, donde numerosos incautos fueron engañados.

Tanto los burlados compradores como los supuestos expertos que las contemplaron habrían quedado extasiados ante la extraordinaria calidad de aquellas obras? hasta que descubrieron que la firma no era tal firma. E inmediatamente del orgasmo estético se pasó al desprecio olímpico.

No hace tanto, un fantástico falsificador húngaro, Elmir de Hory, se hartó de fabricar obras maestras del impresionismo que se expusieron en las más importantes mansiones, en museos de todo el mundo. Y, descubierto el fraude, se repitió el esperpento de que lo que había sido admirado resultó despreciado.

Historia continuadamente repetida al haberse transformado el arte en mercado, de modo que se valora la atribución por encima del propio valor del objeto. De la creación.

Pero la Carga de los Mamelucos de Goya o La Venus de Velázquez seguirán en mi consideración, tanto sean de estos pintores como si se descubre que en realidad quien arrimó los pinceles fueron desconocidos barandas.

Antes de morir, Dalí firmó centenares de hojas en blanco que pueden ser completadas con dibujos que resultarán auténticos? aunque no lo sean.

Dalí nos ha obsequiado con su última pirueta surrealista: nuestros memos ilustrados se enfrentan al dilema de dar por bueno el arte sospechoso o despreciar el posiblemente auténtico al resultar irrelevante la rúbrica.

Por tanto, hoy, aquí y ahora, lo trascendente en la valoración o la estimación es el sujeto más que el objeto. Y otro día les hablaré de cómo la escalera y la brocha, olvidadas por un pintor en una exposición, fueron admiradas por decenas de imbéciles.

 

Javier Marias20/03/2011 Estaré con el mundo hata que este muera

Hablé aquí hace poco de la tan estúpida como peligrosa manía de nuestra época de enmendar el pasado, o, en el mejor de los casos, de juzgarlo conforme a nuestros criterios y conocimientos actuales y mirarlo con condescendencia, pensando: “Qué tonta era la gente antes, o qué ignorante, o qué bruta, o qué injusta”, dando por sentado, además -en mi opinión sin base-, que nuestro tiempo no es injusto ni bruto ni ignorante ni tonto, o que lo es menos que cualquier otro anterior. Estaría por ver, y si uno echa un vistazo a la historia se encuentra a menudo con periodos que fueron infinitamente más bárbaros y primitivos que los que los precedieron. Nadie parece tenerlo en cuenta ni aplicarse la lección: la soberbia del presente es siempre de tal calibre que casi ningún individuo que viva en él puede admitir que la suya sea una época de decadencia o instalada en el error. Todo presente cree saber más que cualquier pasado -así es en la ciencia, pero en nada más- y poseer mayores “dosis” de verdad, como si el camino hacia ésta fuera siempre rectilíneo y dependiera tan sólo del avance de los días, los años y los siglos. Visto en perspectiva ese convencimiento, resulta tan absurdo como pensar que en Alemania se estaba más en lo cierto, en la razón, en lo verdadero y lo recto en 1936 que en 1926, por poner un ejemplo fácil. O que en España todo era mejor en 1948, en plena dictadura franquista, que en 1932, simplemente porque 1948 fue posterior.

Probablemente el primer tramo del siglo XXI será visto algún día como un periodo de particular ceguera, arrogancia y fatuidad. Hace poco hablé, ya digo, de las ínfulas de quienes se permiten suprimir de los textos de Mark Twain las palabras que hoy consideran “inconvenientes”, o de las consejerías andaluzas que deciden eliminar la legendaria frase de la madre de Boabdil (“No llores como mujer, etc”) porque menoscaba, según ellas, a todo el sexo femenino. Pero la plaga de engreimiento -es engreimiento y soberbia enmendarles la plana a los muertos, tachar lo que otros escribieron, modificar y falsear los hechos para adecuarlos a nuestro gusto- va mucho más lejos, y alcanza cotas ilusas para mí casi inconcebibles. Se pretende que se anulen consejos de guerra y juicios y que de ese modo se “rehabilite” a quienes los padecieron, lo cual, para empezar, es del todo imposible: si a un militar leal a la República lo juzgaron y condenaron los traicioneros sublevados franquistas, precisa y grotescamente por “traición”, ese hecho es inamovible, y que ahora venga un tribunal militar de 2011, que nada tiene que ver con uno ilegítimo de 1936, y deje “sin efecto” aquella condena, es sencillamente inviable y un brindis al sol, del mismo modo que la actual Iglesia Católica no está capacitada para “desagraviar” a Galileo, al cual sentenciaron quienes la representaban hace cerca de cuatro siglos. Tanto él como ellos llevan muertos casi otro tanto, y al uno como a los otros les trae por fuerza sin cuidado lo que unos fatuos actuales dictaminen a estas alturas, más que nada como gesto publicitario. No se puede deshacer lo hecho, y esto lo saben hasta los niños pequeños.

Una de las más recientes pavadas en este campo “intervencionista” y hueco ha sido la propuesta del Gobernador saliente de Nuevo México, Bill Richardson, de indultar póstumamente al neoyorquino William H Bonney, más conocido como Billy el Niño. Muy póstumamente en verdad, ya que, como se sabe, el sheriff Pat Garrett lo despachó a tiros del mundo en 1881, en Fort Sumner. Al parecer el Gobernador de entonces, Lewis Wallace (autor de la novela Ben-Hur y por tanto hombre de dinero y de fe a buen seguro), incumplió un trato que había hecho con el bandolero en 1879: dejarlo legalmente limpio a cambio de que testificara en el juicio por un asesinato que había presenciado, a lo que Bonney se avino. La falta de palabra de Wallace lo llevó a huir y a cargarse de paso a un par de individuos más. Al fin y al cabo seguía siendo un proscrito, pese a su colaboración y a su pacto, que la otra parte no respetó. De perdidos al río, supongo, que se dice en español.

Tras variadas dudas y un aluvión de emails procedentes de todo el mundo pronunciándose a favor o en contra del indulto (asombra la cantidad de tiempo libre de que disponen cantidades masivas de personas), Richardson consultó a unos nietos y biznietos de Garrett, los cuales, por razones tan obvias como vanidosas como pueriles, se opusieron tajantemente al perdón. El Gobernador no se ha atrevido a contravenir sus deseos, y ha añadido que al fin y al cabo el famoso bandido se había dedicado “al pillaje, al saqueo y al asesinato, tanto de quienes se lo merecían como de inocentes”. Llama la atención que este clarividente político de 2011 sepa qué víctimas se merecieron la muerte y cuáles no, pese a ser todas anteriores a 1881. Pero es lo de menos. Ni a los huesos de Billy el Niño ni a su variable leyenda les pueden inmutar lo más mínimo las decisiones muy póstumas de un Gobernador con ánimo de adornarse y de decir la última palabra sobre algo que no lo concierne y que no está en su mano cambiar. El propio Billy the Kid, a los veintiún años con que murió, sabía de qué iba el asunto mucho mejor que tanto presuntuoso adulto actual. En una entrevista quizá auténtica que el mismo año de su muerte le hizo en la cárcel un periodista de The Texas Star, al llamarle éste “Billy”, lo corrigió de inmediato: “Mr Bonney, por favor”. Y cuando el reportero le preguntó, hacia el final: “Y en cuanto a usted, ¿cree que perdurará en la memoria de la gente?”, respondió sin vacilar: “Estaré con el mundo hasta que éste muera”. Me pregunto qué diablos puede hacer para alterar eso cualquier soberbio enmendador de nuestro tiempo.

 

Carlos Herrera18/03/2011 Breves reflexiones atómicas

 LA imprevisible crisis nuclear japonesa nos invita a una provisional serie de reflexiones —matizables, claro, con el paso de las horas— puede que un tanto precipitadas e inestables pero, al cabo, razonables y serenas. La primera de ellas es atestiguar algo que ya sabíamos pero que hoy reafirmamos de forma categórica: los japoneses están hechos de una pasta que les hace particularmente admirables. Se les ha roto el país, se les ha inundado la costa, se les ha descalabrado la economía y, por si fuera poco, pende sobre ellos una severa amenaza atómica sin que, en ningún momento, hayan descompuesto el gesto, hayan dirigido un indisimulado odio del estilo «Nunca Mais» a su gobierno ni hayan escenificado escenas de pánico ni de pillaje ni de ira incontenida. La segunda es que, ciertamente, el terremoto y las vidas perdidas son el núcleo de la información, pero que, sin embargo, ésta gira acompasadamente con la preocupación general hacia la incertidumbre nuclear. Los muertos y desaparecidos alcanzan el número de quince mil, a expensas de seguir levantando maderas y piedras, y, haciendo tabla llana de ello, nos inquietan más los posibles muertos futuros, sean probables o improbables (hasta esta hora no se ha producido ningún fallecimiento por causa atómica), que los habidos por causa telúrica. La radioactividad está exponiendo a la población cercana a un riesgo muy elevado, pero la esperanza de que los reactores sean enfriados no es descartable. La tercera es que el pánico nuclear no debe hacernos olvidar que las imágenes de la devastación las ha producido un terremoto, no una central nuclear. La cuarta es que parece que al comisario de Energía de la UE lo hayan encontrado en un sorteo.

La quinta es que las consecuencias de los apagones precipitados en Alemania y tal vez en algún lugar más, se pagan en términos ecológicos: cerrar el 30 por ciento del parque nuclear alemán por un terremoto en Japón significa que se eleve en más del 10 por ciento el precio de la energía y que aumente el consumo de combustibles fósiles, lo cual, a la larga o a la intermedia, recorta el alcance de los acuerdos de Kyoto. Tremendo dilema para los antinucleares: la ausencia de alternativa atómica provocaría aceleración en la velocidad de acceso al Apocalipsis. La sexta es que la reacción preventiva razonable por parte de muchos sectores sociales no debe ser aprovechada por los fanatizados partidarios de la abolición total, los cuales deberían de añadir a sus reclamaciones una clara exposición de las alternativas que proponen, siempre que éstas sean creíbles: las energías alternativas son altamente estimables, pero, desgraciadamente, no pueden sustituir a la nuclear, que, por otra parte, garantiza mantener el proceso productivo que hace posible el crecimiento económico y el progreso de las comunidades. Menos energía es menos producción, más paro, más pobreza. La séptima es que aquellos países que gozan de autonomía energética pueden presumir de independencia política asociada, lo cual no es poco habida cuenta el panorama inquietante que supone estar entregado al capricho de gobernantes absolutos de países inestables. La octava es que nuestro ingreso económico por visitas turísticas puede verse recortado por los doscientos mil japoneses que dejarán de viajar por el mundo. Y la novena es que está bien desear un mundo idílico, seguro y armonioso, rural o urbano, sostenible e inofensivo, pero eso no siempre casa con la naturaleza del hombre, inquieto por naturaleza y arriesgado hasta la última consecuencia. A veces, lamentablemente. Mis condolencias a los japoneses.

 

Julio Cesar Vidal18/03/2011 'Nunca mais' nipón

Estoy abrumado al ver las imágenes que nos llegan desde Japón. Apenas se ha producido el desastre, un obvio desastre natural que nadie hubiera podido evitar, la oposición se ha lanzado a la calle gritando contra el Gobierno mientras sindicatos, organizaciones cívicas y diversas instancias lo acusaban de su incompetencia por no haber detenido en el aire la ola del tsunami. No sólo eso.

Cambiando de canal en canal, he comprobado con sorpresa que los más diversos periodistas no sólo conocen los medios más variopintos para enfrentarse con esas catástrofes, sino que además han subrayado hasta la saciedad que la culpa descansa no sólo sobre el Gobierno, sino también sobre el difunto emperador Hiro-Hito, responsable, como se sabe, de un desastre bélico que Japón padeció hace más de 60 años.

Incluso hay una cadena de televisión que ha anunciado su intención de realizar el programa de Nochevieja desde una de las costas afectadas. Al parecer, lo presentará una periodista de orejas de soplillo que recuerda a un Seiscientos con las puertas abiertas.

Por añadidura, los gobiernos regionales están enviando a grupos de jóvenes a las costas para salvar las aves marinas que han sufrido el impacto de las aguas. Reconozco que las imágenes de alguna gaviota empapada sobrecogen.

Y lo que ya me ha causado el estupor más absoluto ha sido contemplar cómo los manifestantes en algunas ocasiones se desvían de su ruta para irrumpir en los grandes almacenes y saquearlos. De hecho, he llegado a ver cómo la gente salía con televisores e incluso con algo que se parecía a un jamón.

Viendo todo eso, ya me pueden hablar del sushi, del zen y de las geishas, pero nadie me va a quitar de la cabeza que los japoneses son un pueblo de bárbaros. Sobre todo, a uno se le ponen los pelos como escarpias cuando profieren a voz en cuello y con gesto airado: "¡Nunca mais! ¡Nunca mais!". 

 

16/03/11 Togas y tricornios

La persona no pertenece al territorio, sino el territorio a la persona. Ni existen abstractos derechos históricos, sino derechos humanos.

La sociedad es dialéctica y en ese cambio continuo, en esa adaptación permanente a las circunstancias cambiantes reside nuestro éxito, y también el fracaso de otros por petrificarse en sus tradiciones, tributarios de un ayer que nunca será hoy, y, desde luego, jamás mañana.

No siendo seres adánicos, ajenos a la herencia histórica de la que venimos, no debemos otra fidelidad que a nuestro presente y a nuestros semejantes. Desde los valores innegociables de igualdad, laicidad (lo religioso es íntimo y lo público es neutro) y democracia debemos estar abiertos a valores positivos que nos enriquezcan.

El mestizaje cultural es progreso. Y me declaro frontalmente intolerante de la discriminación, el fundamentalismo y la teocracia. Estoy contra los privilegios de algunos españoles (sean éstos vascos y catalanes). Por ello, no acepto los indudables beneficios que me proporciona el Estatut, como también lo estaría si se privilegiara la zona en la que resido en Barcelona respecto a otros barrios más desfavorecidos de la ciudad. Creo en la solidaridad social, pero no creo en la atribución territorial.

Pero cuando desde Cataluña observo el escándalo del ERE, del PER, de la hiperinflación de funcionariado en Andalucía convertida en región asistida (o de la hortera realidad nacional), me quedo huérfano de argumentos para seguir defendiendo que quienes más tienen deben ayudar a las personas que se encuentran más desfavorecidos. Porque una cosa es arrimar el hombro al hermano y otra cosa que el hermano te tome como primo.

Y que esa nomenclatura oligárquica que gestiona el sultanato socialista andaluz siga exigiendo nuestra solidaridad para sus trapisondas.

¿Qué quieren que les diga? Perdida mi confianza en los partidos políticos, todavía la mantengo en dos símbolos: las togas de la Justicia y los tricornios de la Guardia Civil.

 

Carlos Herrera

13/03/2011     El ahorro de España, y el suyo de usted

Corría el año 73 y la guerra entre árabes e israelíes puso el petróleo por las nubes, despertando al mundo e ilustrando a sus pobladores de las muchas tensiones que le esperaban en el futuro. La economía española sufrió lo indecible -aunque mucho más sufriera en la crisis petrolífera del 77 y 78- y diseñó una campaña de ahorro que se resumió en una frase conminatoria: «Aunque usted pueda, España no puede». No se trata de que pueda permitirse lujos o no, se trata de que se rebaje la factura total que pagamos de petróleo y de que el dinero no se vaya alegremente por la ventana. Eso venía a decir aquel eslogan que ignoro si fue razonablemente efectivo. Desde aquella primera lección, el mundo no ha sido capaz de desarrollar una tecnología que permita los traslados en automóviles sin tener que depender de los combustibles fósiles, y el precio que pagar por ello ha sido estar sujeto a repetidas y recurrentes crisis petrolíferas surgidas de lo delicado de los escenarios en los que se produce gran parte del oro negro. Cíclicamente, la factura del petróleo que hay que pagar por casi todos los países ha puesto en jaque sus economías y ha supuesto un duro banco de pruebas para los ciudadanos menos adinerados. Todo es más caro, como podemos imaginar, porque todo se transporta y mucho se confecciona mediante la energía que surge de la combustión de diversos productos derivados de ese líquido negro hallado en las entrañas de la tierra y que parece que no se va a acabar nunca. Y aunque el petróleo suba y baje, aquello que es repercutido por sus subidas suele bajar muy pocas veces, con lo que todo es más caro y tal y tal.

Ahora andamos alarmados por las consecuencias que presenta el conflicto interno libio, el cual ha significado una subida del barril -hasta el momento de escribir este suelto- a 111 dólares. Por supuesto ha estado mucho más caro en otros momentos y ha flaqueado más, mucho más, su producción, pero parece que ahora estemos a la puerta del fin del mundo y que el escenario inflacionista y ruinoso de nuestra economía no vaya a poder soportar un conflicto como el de estos días. Así que el Gobierno español le ha dado a la máquina de confeccionar ocurrencias y, después de unos días de incertidumbre, ha decidido que circulemos a 110 km/h por aquellos tramos en los que está autorizado hacerlo a 120. A la par de tan caprichosa decisión, equiparable a aquella del 73, se ha desatado la fiebre del ahorro y los gobernantes se han dispuesto a hacer en grandes proporciones lo que los ciudadanos llevan haciendo tanto tiempo como hace que empezaron las apreturas que ellos negaron machaconamente una y otra vez. Y, ocurrencia tras ocurrencia, no sé cuánto dinero dicen que llevamos ahorrado ya, pero siempre encuentran una paternalista explicación para justificar su intervencionismo en nuestra vida privada. ¡Claro que un ciudadano sabe lo que tiene que hacer cuando sube la gasolina!: ¡consumir menos!, y no hace falta que lo obligue el ministro de turno. A él y a otros del Ejecutivo ha habido que explicarles que el consumo de gasolina no está en función de la velocidad, sino de las revoluciones del motor, y que lo que se dejará de gastar por circular a 110 no pasará de ser una mera anécdota, y que dicha anécdota puede que no compense otros costes asociados, entre los que se encuentra, por ejemplo, estar más tiempo en la carretera, cosa que no siempre es rentable y no siempre gusta al conductor.

Este gobierno de nuestras angustias, tan bien intencionado siempre y tan torpe en cada una de sus disposiciones -que siempre acaban traduciéndose en un disparo en el pie-, es el mismo que argüía que mediante el gasto público se excitaba la economía, ya que se ponía dinero en circulación y así se hacía crecer el consumo. Mediante esa fallida idea, se pulieron el superávit español -planes E, cheques bebé, paga de 400 euros, etcétera-, y ahora andan recordándole a usted que ahorrar en determinados apartados no es mala cosa. Y, además, obligándolo; cuando el petróleo, por ejemplo, no lo paga España, lo pagan los españoles...

Ay, Señor, ¡tantos años pasados para volver a los eslóganes del 73!

 

Julio Cesar Vidal11/03/2011     Pobreza, castidad y obediencia

Confieso que nunca me he sentido identificado con la democracia cristiana. No voy a decir yo que sea cierto el aserto que afirma que la diferencia entre los cristianos y demócrata-cristianos está en que mientras que los leones se comían a los primeros, los segundos serían capaces de devorar a los leones. Ni se me ocurriría.

Por el contrario, tengo que reconocer que algunos de sus representantes en la política actual son ejemplos de conducta que no pueden ser pasados por alto si uno busca el bienestar del alma.

Entre ellos se lleva la palma ese nacionalista catalán nacido en Huesca llamado Duran i Lleida. Que lo de la castidad no es precisamente lo suyo es público y notorio. Recordemos el bochornoso episodio que protagonizó hace unos meses con una reportera de televisión pidiéndole que le acariciara la calva e indagando sobre si llevaba o no sujetador.

Por lo que se refiere a la pobreza, esta semana hemos sabido que va a acumular nueve puestos oficiales, incluidas las presidencias de varias comisiones parlamentarias. Algún malicioso dirá que las sesiones de varias de esas comisiones tienen lugar el mismo día que se reúne el Gobierno de la Generalidad de Cataluña y que Duran i Lleida no podrá estar.

Ignora el que piense así que disfruta de algún don divino como el de la ubicuidad, que le permitirá estar en dos, e incluso tres sitios a la vez; por supuesto, cobrando los emolumentos pertinentes. Este apego de Duran i Lleida a la pobreza y la castidad se complementa con una obediencia acrisolada al dios nacionalista.

A su entrega debemos, por ejemplo, que no votara en contra de un Estatuto como el catalán, que promueve el aborto o consagra los matrimonios de todo tipo, incluido el polígamo. Claro que alegó que el día de la votación era el cumpleaños de su hija, y es obvio que no podía renunciar a cumplir con sus deberes paternos por defender la vida y la familia. No sé cómo hay gente que se queja de nuestros políticos. Algunos, como Duran i Lleida, son un ejemplo para entregarse a la más profunda reflexión.

 

Carlos Herrera11/03/2011  La mili de ayer y hoy

HACE ahora diez años que ningún joven español tiene el deber de entregar unos meses de su tiempo a la defensa común mediante el Servicio Militar. Fue una medida razonable en consonancia con los tiempos y con las necesidades de la defensa: el Ejército precisaba adaptarse a unos estándares internacionales y atlantistas y parecía inevitable modernizar sus estructuras humanas y tecnológicas mediante la profesionalización de sus soldados y la racionalización del número de jefes y oficiales, además de la inevitable inversión en armamento moderno y en preparación técnica de sus diferentes cuadros de mando. Nuevos hombres —y mujeres— tomaron el relevo de los reclutas y dejaron a éstos en sus quehaceres civiles. La medida fue tomada por el gobierno Aznar, pero estaba consensuada con gobiernos anteriores —que la prepararon— y posteriores —que la continuaron— sin que supusiera ningún terremoto social. Generaciones enteras —y vivas— de españoles tendrían tiempo y lugar para relatar las vivencias acumuladas tras años de cuarteles, campamentos y tiendas de campaña: como parece evidente, cada uno lo ha contado según le fue.

Para algunos, el Servicio Militar supuso una interrupción inoportuna en su progresión laboral o académica, en su aprendizaje empresarial o en su difícil equilibro familiar: un año fuera de casa en el entorno de los veinte años puede pasar algún tipo de factura. Otros podrán alegar que vivieron días absurdos sometidos al caprichoso arbitrio de mandos militares que reproducían las más surrealistas de las situaciones y los más inútiles de los esfuerzos, y seguramente será cierto. Pero también para unos cuantos millones de jóvenes supuso salir por primera vez de su entorno, despertar a una nueva realidad, conocer a personas de cualquier parte de España, convivir con no pocos estímulos de compañerismo, entender la importancia de la disciplina y la jerarquía y, muy importante, darse cuenta de que en el Ejército, una vez se traspasaban las puertas, quedaban igualados en deberes, derechos y vestimenta el más rico con el más pobre, el más listo con el más torpe y el más guapo con el más feo.

Son muy pocos los que hoy contemplarían la conveniencia de volver a someter a los jóvenes españoles a un año y pico de paréntesis, entre otras cosas porque habría que plantearse si sólo habría de afectar a varones y no a hembras, militares hoy estas últimas de probada eficacia. Son, sin embargo, cuantiosos los que lamentan que una generación Logse y otra generación de ni-nis desconozcan el compromiso sincero con la defensa de los valores comunes que hemos venido en llamar Patria o Nación. Es muy probable que para muchos jóvenes españoles resultara muy educativo compartir tres meses con hombres y mujeres de su edad relacionándose con elementales conceptos de disciplina y eficacia.

Respeto, Honor, Entrega y Orgullo, por demás. El Ejército no es más que una síntesis de la sociedad de la que procede y en él moran personas excepcionales y otras no tanto; en aquellos años de mili se daban algunos elementos que creían que tener a su disposición una compañía de esclavos a los que insultar o humillar, pero también se contaban a pares, los que ejercían desde el respeto, el talento, la humanidad y el sentido del deber. Hoy en día, con tantos conceptos vueltos del revés, los militares españoles son un ejemplo en un manojo de disciplinas. Transmitírselo a mucho hombre o mujer viciados por un nihilismo un tanto abandonista no sería un mal negocio. Pero diga algo parecido a los que han hecho del excesivo halago a la juventud —no os esforcéis, nos preocupéis, no luchéis— una costumbre. Te pueden llamar reaccionario a la que te escantilles.

 

Javier Marias06/03/2011     Dos postdatas

Postdata ortográfica. Hace unas semanas expuse aquí mis objeciones a las nuevas normas de la Ortografía de la Real Academia Española, y señalé algún inconveniente de la obligatoriedad de escribir el prefijo “ex” adosado a cada palabra: así, “exapóstata” o “exahorcado”, que, como muchas otras, dan pie a vocablos confusos y poco reconocibles, al menos al primer golpe de vista. La base para esta caprichosa regla es el deseo de “homologar” todos los prefijos. Y, puesto que escribimos “anticomunista”, “proamericano” y “metaliterario”, juntemos también “ex” con cualquier término al que decidamos aplicarle la condición de “ya no”. Pero no todos los prefijos se prestan al mismo juego, y nuestros ortógrafos no parecen haberse dado cuenta de que, con tal medida, han optado por formar una combinación o grupo de letras inexistente en español y que además es redundante, impronunciable e incorrecto. Ocurre cada vez que “ex” precede, sin guión ni espacio, a un vocablo que empiece por s: “exsacerdote”, “exsuegro” o “exsoldado”. A mi modo de ver, ese grupo constituye un disparate ortográfico, porque la s jamás puede seguir a la x y esa secuencia es una falta. La letra x engloba dos sonidos en nuestra lengua: k+s. Quien bien pronuncia dice “eksakto” cuando lee “exacto”, o “ekskisito” cuando lee “exquisito”. Así, la manera adecuada de escribir “exsacerdote” o “exsuegro” sería “exacerdote” y “exuegro” -como no se escribe “exsudar”, sino “exudar”-, pero en este caso nos encontraríamos con unos palabros aún más irreconocibles. Por último, la única forma de pronunciar cabalmente lo que la RAE pretende que escribamos (“exsacerdote” y “exsantidad”, junto con varios centenares de absurdos) sería haciendo una pausa entre el prefijo y el nombre, es decir, no como si se tratara de una sola palabra, sino de dos: “ex” y “sacerdote”, justamente lo que nuestra admirable institución acaba de borrar de un plumazo. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Claro que aún hay algún caso más chistoso. ¿Qué me dicen de “exxenófobo”, en el colmo de la impronunciabilidad y la redundancia?

Postdata sintáctica. Asombra cómo cada vez más se concede importancia a lo que no la tiene y se resta a lo que sí. Por supuesto, el párrafo anterior no la tiene, pero el defecto está en origen: si carece de importancia dictaminar sobre cómo debemos escribir “ex” a partir de ahora -no veo qué falta hacía-, mal puede tenerla objetar al dictamen. Recurro a la vieja alegación infantil: “Yo no he empezado”. Pero a otra cosa: de las numerosas mentiras que salpican nuestra vida pública, no son las del valenciano Camps ni las de ningún corrupto o desfachatado las que han suscitado mayor indignación, sino la supuesta que el Profesor Rico deslizó en su post-scriptum a un artículo de este diario. Ya recuerdan: “En mi vida he fumado un solo cigarrillo”. Como el infantilismo nos atenaza, los inquisidores bucearon en Internet y allí encontraron, con gran satisfacción e índices extendidos, toda clase de pruebas gráficas de que Rico no sólo había mentido, sino que había faltado a la verdad, que para algunos es más grave y solemne. La Defensora del Lector lo llamó a capítulo, lo amonestó, le dio con la regla y lo puso cara a la pared, con argumentos -para mí, lo siento- bastante cómicos, aunque no tanto como los de algunos no fumadores airados; bueno, esto último es ya una redundancia en España, donde todo lo que encoleriza el humo, no molestan lo más mínimo los venenos de los coches -que padecemos sobre todo los que sólo somos peatones- ni el ruido en aumento, que esos mismos no fumadores, con su prohibición adorada, han agravado hasta límites insoportables, al enviar a la calle a unos catorce millones de apestados, ya verán cuando llegue el buen tiempo.

El caso del Profesor ha dado varias vueltas más, y se ha convertido en objeto de doctas y enconadas polémicas: ¿es ético inventar algún dato o detalle cuando se escribe en prensa? ¿Es lícito mezclar realidad y ficción? A ver qué gracia le hace a usted que le atribuya en mi columna una felonía sin que se sepa dónde empieza lo verdadero y dónde lo fantaseado. ¿A que no gusta? Pues ahora lo denuncio, por calumniador. Atrévase, en sus propios argumentos tengo mi defensa, etc. Lo cierto es que Rico ha seguido sorteando, con buen criterio y elegancia, a cuantos se le han cruzado, incluidos varios redactores, la Defensora con su palmeta y un señor ya talludo que hace unas semanas paseaba parsimonioso ante la puerta de la Academia con una pancarta amarilla en alto, que rezaba: “La lengua, para ser veraz, fuera Rico, fumador falaz”. Todo un logro, no de otro modo pienso llamar al Profesor a partir de ahora. Rico se avino a darle algunas desganadas explicaciones a la Defensora, y prefirió llevarse una regañina antes que aducir lo que quizá lo habría exonerado, y descubrirse. No parece que otros, pero desde que yo leí su infame post-scriptum, sabedor de que me bate a cigarrillos, lo entendí no como una mentira, sino como una agudeza sintáctica. “En mi vida he fumado un solo cigarrillo” (el orden es fundamental) significa para mí eso literalmente: “Uno solo, jamás. En la vida. Siempre han sido varios”. O bien: “Siempre ha sido el mismo, uno solo. Es decir, han sido un continuum”. Si uno aplica la sintaxis escrupulosamente -que vengan un abogado y un gramático y lo vean-, cuantos han llamado embustero a Rico lo han difamado. Tal vez sea él, a la postre, quien haya de denunciarlos.

 

Julio Cesar Vidal04/03/2011     El rumboso Zapatero

Hay semanas en las que uno no sabe si hubiera sido mejor no salir de la cama, y esperar a que pasaran los siete días, o darle gracias a Dios por proporcionar tantos motivos de divertimento. La que ahora concluye es una de ellas. Repasen el panorama.

ZP decide emprender un periplo por diversas naciones islámicas, supuestamente para pasar la gorra. Como, gracias a algunos amigos dedicados a los medios, la recepción en Qatar no fue del todo mala, ZP se ha ido animando y ya se encontraba en estado de abierta enajenación al llegar a Túnez.

Asumiendo porque sí el papel de mentor de transiciones hacia la democracia, ante unos pasmados tunecinos que no saben si seguirán en el poder la semana que viene, habló de su abuelo fusilado -que debe llevar años bailando la conga en su sepultura, si es que sabe lo que perpetra su nieto- se atrevió a recomendar que los tunecinos copien nuestro sistema sindical -lo que, sin duda, reportará en la creación de unas cifras de desempleo sin parangón- y, por último, en un gesto de generosidad, les atizó 300 millones como quien dice "yo pago las Fantas".

Que ZP es un pagafantas no admite discusión, y que nosotros corremos con los gastos, tampoco. Cuando se anuncian nuevas subidas de la cifra de desempleo, cuando el agujero del Estado sigue aumentando, como si fuera una vía de agua en el Titanic, cuando Blanco está convirtiendo en deporte de riesgo transitar de noche por las carreteras, cuando hay políticos socialistas que ya cotizaban a la Seguridad Social el día en que nacieron, ZP decide dar unos centenares de millones a los tunecinos.

Pero, además, se ventila varios miles de litros de gasolina para estar en Moncloa por la noche -por lo visto, Sonsoles tiene miedo a la oscuridad y no puede dormir solita- y envía aviones a Libia a recoger refugiados mientras los ciudadanos españoles saben por amarga experiencia que, como les pase algo en el extranjero, más les vale encomendarse a Dios, porque con el cuerpo diplomático y el Gobierno no pueden contar. Se dirá lo que se quiera, pero a Zp no hay quien le gane a rumboso.

 

Carlos Herrera27/02/2011   La Yihad Antitabaco y algunos tontos

Hagamos sitio para todos los tontos que aparecen por doquier con motivo de la Ley Antitabaco. Cada día son más y están a punto de caerse al mar. Los más recientes aparecieron en Barcelona, en un asomo de organismo municipal llamado Agencia de Salud Pública: tras recibir una denuncia de un particular de la Yihad Antitabaco -¡cómo no!-, amenazaron con sanciones ejemplares a los productores de la obra teatral Hair por aparecer alguno de sus actores fumando en el escenario. ¿Fumando en un escenario? ¡Delito!, ¡prisión para ellos!, ¡extradición!, ¡incautación de sus bienes!, ¡escarmiento público!...

Da igual que lo que fumen no sea tabaco, da igual que la escena represente el tiempo hippie en el que aquellos gansos malcriados se fumaban praderas enteras envueltas en alfombras, da igual que tengan que simular la época en la que vivían y la existencia flotante en la que se desarrollaba su quehacer. Da igual: no caben excusas para el excitado espectador que intuyó un grave incumplimiento de su ley favorita al ver a alguien en un escenario simulando fumar hierba mezclada con tabaco. El delito es el delito y hay que perseguirlo con toda la contundencia de una normativa que ha aparecido con la mejor intención y con la peor. La mejor es que se respete el derecho del no fumador a no tener que cohabitar en cubículos llenos de humo, cosa comprensible, y la peor es que se consiga enfrentar a los ciudadanos, cosa tan del gusto de este Gobierno.

Los perplejos productores del musical han aducido que no se trata de tabaco, sino de hierbas compradas en herboristerías, tales como hierbaluisa y hoja de nogal, pero eso no les ha servido de explicación a los sandios funcionarios de esa agencia pública: alguien sostenía algo que se parecía a un cigarrillo y ello es intolerable. También han argumentado que los hippies de aquellos años en los que se desarrolla el afamado y viejo musical organizaban corrillos de interminables horas fumándose macetas enteras de marihuana y que ese es un símbolo de su tiempo de la misma forma que lo era el pelo largo, la ausencia de jabón y la ropa floreada que lucían sus cuerpos gentiles. No importa, la directora de esa oficina siniestra, una tal Isabel Ribas, no tiene edad de recordar qué pasaba en los sesenta y sus anteojeras no le permiten ver más que el articulado de una ley que, según ella, no distingue entre tabaco y demás hierbas ni entre ficción y realidad.

Asegura el productor que, a este paso, habrá que cortar las películas en las que aparece Bogart cargándose medio paquete de cigarrillos, ya que el ejemplo resulta intolerable. Todo puede ser en esta España de talibanes absurdos que, al parecer, no tienen nada mejor que hacer que salir refunfuñando de un teatro y cursar una denuncia contra una obra tras haber visto a alguno de sus protagonistas con un trasunto de cigarro entre los dedos. Está ocurriendo algo similar con los cigarrillos de pega que exhalan vapor de agua: aunque no sea tabaco, ni huela, ni pringue ni atufe, hay gente a la que no le gusta el gesto placentero que le pueda proporcionar a alguien sostener un pitillo en las manos. En más de un lugar han exigido que se lo metan en el bolsillo o que salgan a la calle a fumarlo. Que se sepa, de ese invento vaporoso y placebo no dice nada la ley, pero ¡cómo perder la oportunidad de ejercitar venganzas acumuladas!

Finalmente, se solucionó el desatino y no han suspendido la obra ni multado a los productores. Simplemente amenazaron la Agencia y la lánguida y vegetal Montserrat Tura, candidata a candidata a alcaldesa de Barcelona. Con todo, no deja de resultar bochornosa la pasión por la tontería que tiene tanto intolerante desperdigado por las calles. Pasó en Sevilla hace unos días: un tipo fumaba un cigarrillo por la acera y una señora que andaba a su paso le conminó a que tirase el pitillo pues le molestaba. Fue contundente la contestación: «Si le molesta, lo tiene muy fácil: váyase a un bar».

Julio Cesar Vidal25/02/2011 No veo la hora

Aún no nos hemos repuesto del último expolio del nacionalismo catalán -consentido por ZP- cuando Mas ya se ha descolgado con otro propósito.

Pretende el nuevo baranda de CiU y presidente de la Generalidad utilizar la amenaza de un referéndum de autodeterminación ilegal hasta las trancas para arrancar al Gobierno un concierto económico semejante al vasco o al navarro.

Ha sido el catedrático Mikel Buesa quien ha denominado con justa acepción al cupo vasco de pufo vasco y ha dejado al descubierto cómo ha servido, entre otras indecencias, para financiar a ETA.

El pufo catalán sería peor, si cabe. Implicaría que Cataluña dejara de pagar al año 30.000 millones -que no cubren, ni de broma, lo que nos saca al resto de los españoles- para ver reducida la cantidad a tan sólo 3.000. En otras palabras, que nos convertiríamos en la Ramoneta del nacionalismo catalán y encima pagaríamos la cama.

Ante esto, un político de la talla de Tony Blair habría suspendido la autonomía catalana -como hizo con la del Ulster- provocando que los nacionalistas catalanes respetaran la legalidad. Incluso, como dijo Felipe González a Arzalluz, podría recurrir a los tanques.

No espero semejantes muestras de gallardía y respeto a la constitución por parte de ZP. Y ante esa circunstancia, lo mejor, sin duda alguna, es permitir que Cataluña se haga independiente. A los nacionalistas les vamos a dar una alegría porque obtendrán lo que tanto desean; por nuestra parte, el gozo será -si cabe- mayor. No tendremos que lañar los agujeros de sus ruinosas cajas desvalijadas por los nacionalistas.

Podremos tener las infraestructuras necesarias que ahora resultan imposibles porque sólo hay dinero para Cataluña. Nos libraremos de comprar infinidad de productos malos simplemente porque no hay barreras aduaneras. Quién sabe si hasta pagaríamos menos impuestos porque con Cataluña se irá el 28 por ciento de la deuda de las autonomías.

Admito que no veo la hora de que se independicen. Hasta he decidido celebrar la independencia de Cataluña desde el mismo momento en que se produzca, destapando una botella de cava? que, por supuesto, no será catalán.

Julio Cesar Vidal18/02/2011 Impunidad

Si Zola, Balzac o Maupassant vivieran todavía, uno de los temas privilegiados en que podrían mostrar su talento literario sería el de las cajas de ahorros en España.

Creadas como una institución crediticia que buscaba librar a los pobres de los usureros, con el advenimiento de la democracia se transformaron -con escasas excepciones- en la caja de los políticos locales destinada a financiar negocios con sus amiguetes.

El sistema funcionaba de maravilla. El cercano al político presentaba un plan absurdo -como montar un aeropuerto donde es dudoso que sea rentable incluso el ferrocarril- y el Gobierno local lo respaldaba con toneladas de demagogia y millones procedentes de unas cajas controladas por los partidos y los sindicatos.

Las fortunas que se han amasado así se resisten a ser calificadas de astronómicas porque el universo que conocemos es una magnitud pequeña para compararla con la sinvergonzonería derrochada por los políticos y sus paniaguados.

Mientras la economía fue bien, los impositores que inocentemente colocaban sus ahorrillos en esos entes no sólo no se enteraron de los enjuagues, sino que estaban entusiasmados de la seguridad que disfrutaban.

Pero una economía con tantas manos sacando de los bolsillos tenía que sufrir un parón y, al producirse, se ha visto que los agujeros de las cajas se parecen más a la fosa de las Marianas que al queso de Gruyére. En cualquier nación civilizada, tal situación hubiera tenido como una de sus consecuencias que los responsables -es un decir- de las cajas se hubieran sentado en el banquillo a la espera de un largo período entre rejas.

En esta España, semejante posibilidad es, valga la paradoja, imposible. Los nacionalistas catalanes, siempre tan caracterizados por la honradez y el respeto a la legalidad, han propuesto que todos los directivos de las cajas queden impunes de cualquier responsabilidad por acciones pasadas, y tanto PSOE como PP parecen dispuestos a aceptar la singular propuesta.

La verdad es que inspira una inmensa tranquilidad saber que te pueden robar por partida múltiple y que los que lo hacen no sólo escaparán de la justicia, sino que además tendrán una jubilación mejor que la tuya.

Carlos Herrera18/02/2011  El jeroglífico zapaterista

EL futuro de este gobierno y, singularmente, de su presidente es un extraño jeroglífico cuya resolución está en función de improbables casualidades y difíciles coincidencias. La conversación entre Bono y ZP es muy posible que contuviera menos formalidad de la aparente, pero ha servido para desatar especulaciones algo gratuitas acerca del futuro político del presidente del Congreso, al que ya se le resucita en el escenario concursal socialista —¡como si Bono hubiese descartado alguna vez jugar a ser factor decisivo en el porvenir electoral!— y al que se vuelven a dirigir miradas curiosas y asombradas. Posiblemente no haya para tanto, pero resulta curioso como resucita una opción después de un café largo en un despacho.

Si Rodríguez Zapatero quiere continuar en la carrera hacia una reedición de su mandato, como creemos algunos que pretende hacer, tendrá que sopesar distintas variables: su optimismo casi mesiánico le lleva a pensar que la situación general del país puede mejorar de la noche a la mañana y situarse a las puertas del 2012 en un escenario bonancible de crecimiento económico y de creación de empleo, cosa que no sucederá en esos plazos, pero que forma parte del imaginario ideal del jefe de gobierno. Si el PSOE logra salvar los muebles en las próximas municipales y autonómicas —no perder Extremadura, ni Castilla La Mancha, ni Barcelona, ni Sevilla—, es más que probable que ese sueño zapateril se mantenga y le invite a alargar la legislatura hasta el final, allá por Marzo del año que viene. En caso contrario, es decir, si la debacle se produce y la descomposición es patente y él entiende que es un problema para sus siglas, será difícil mantener una administración bien engrasada sabiendo que quien la preside está en sus últimas horas. El adelanto electoral, en ese caso, será un hecho. Y ¿cómo organizar la sustitución?

Un Congreso socialista parecerá imprescindible, pero más allá del formalismo de la convocatoria habrá de tener claro a quién dejar en el machito y eso no va a ser tan sencillo. Pérez Rubalcaba exhibe un buen balance como ministro y parlamentario, es dialécticamente brillante y cuando pone su talento al servicio del bien resulta útil, muy útil, para los intereses generales… pero le está creciendo un faisán incómodo que puede acabar con su futuro político. De hecho, está descomponiendo un tanto su impecable puesta en escena, mostrando un nerviosismo que le es impropio y haciéndole adoptar posturas que no resultan habituales en él. ¿Y si hubiera sido la liebre? ¿Y si hubiera sido el succionador de objetivos al fin de quemarse en beneficio de otro candidato o candidata? Bien, ¿y quién es ese mirlo blanco? No se sabe, pero los candidatos están en boca de todos. ¿Y que posibilidades tienen de lograr un resultado honroso en tiempo de tormenta? Pocas: si los falsos ERE´s de Andalucía siguen poniendo en la picota el gobierno del Griñán y el anterior de Chaves, el PSOE puede irse despidiendo de gobernar la nación. El derrumbe andaluz socialista agotaría un caladero de votos que, en momentos de turbulencia y debidamente excitados por la maquinaria electoral y demagógica del partido, podría ayudar a aguantar el tipo, pero con la que está cayendo parece probable que hasta perdiera el gobierno autonómico, todo un símbolo de fin de ciclo y de era.

Dichos factores, más alguno referente a la destrucción de empleo que puede crearle en el sector servicios la ley antitabaco, dibujan un escenario de contrariedades que exigirán mucha finura en el uso del bisturí. Y a veces parece que ZP opere con guantes de boxeador.

Carlos Herrera11/02/2011  Ese ERE y Olé

¿Puede producirse este desfalco grosero sin que esté al cabo de ello alguna autoridad que ocupe algo más que una Dirección General?

ES un escándalo de los que sí da dolor de cabeza a quien lo protagoniza, a quien lo consiente, a quien convive con él, a quien no lo evita, a quien no lo denuncia o a quien, en suponiéndolo, mira para otro lado. El fraude de los falsos ERE´s de Andalucía destapado a raíz del caso Mercasevilla habla de la perversión de un régimen más arrogante, impune y descarado de lo contemplable, que no se para en barras convencido de la omnipotencia de su poder y que no tiene reparos en establecer mecanismos de robo en el convencimiento de que su fuerza es tanta que nunca habrá de tener ningún tipo de consecuencias. Que en la región en la que el paro tiene fuera de combate a cerca de un millón cien mil personas se establezca una red de engaño y mangancia mediante la cual se distraiga una suculenta cantidad de dinero del fondo destinado a solucionar la continuidad de empresas con problemas —con destino aún ignoto—, es un doloroso escarnio y un ejemplo de hasta donde puede llegar la falta de escrúpulos de un número de sujetos aún por determinar. 

En la Andalucía del «Nunca Pasa Nada» se desoyeron más de tres avisos de la Intervención General en la que ponía reparos sobre la gestión de fondos opacos, ajenos a fiscalización, destinados a la financiación de expedientes de regulación de empleo de varias empresas con problemas. Nadie quiso preocuparse por el manejo de cerca de setecientos millones de euros de los que se sabe, por ahora y entre otras cosas, que han servido para incluir en diversos listados de prejubilación a 37 personas que jamás han trabajado en dichas empresas. Alguno de ellos socialistas de diverso ejercicio. La pregunta que se hace ahora cualquier inquieto y perplejo espectador de este nuevo pasaje de corrupción es dónde ha ido a parar ese dinero que, en algunos casos, ni siquiera han visto los trabajadores incluidos —con su conocimiento o no— en los falsos expedientes. La que se hace inmediatamente después es aún más inquietante: ¿cuánta gente lo sabía y qué grado alcanzaban en la Administración andaluza? Ítem más: ¿Puede producirse este desfalco grosero y sinvergüenza sin que esté al cabo de ello alguna autoridad competente que ocupe algo más que una Dirección General? 

Con asuntos como el que concierne es lícito que el contribuyente, el pagano, el sufridor administrado, albergue el convencimiento de que en la red de la gestión pública proliferan los mangantes y los corruptos en una proporción bastante mayor a la asumible. Mercasevilla, el caso que va desprendiendo delitos uno detrás de otro, ha significado un antes y un después: desde que un empresario aportara una grabación en la que el gerente de dicha empresa pública exigía cerca de medio millón de euros a cambio de la concesión y subvención de una escuela de hostelería, se ha abierto un filón de irregularidades que apunta a una posible financiación paralela del partido eternizado en el poder. Ahora todo son aspavientos en la Junta de Andalucía —en la que es obvio decir que mora mucha gente honrada y mucho servidor público impoluto, etcétera—, y prolifera la sobreactuación de varios de sus voceros, pero lo cierto es que ese despertar a la investigación y a la depuración es excesivamente brusco como para ser del todo convincente y se produce, conviene no olvidarlo, como consecuencia de la investigación de la juez Mercedes Alaya, no como un prurito fiscalizador surgido de los propios mecanismos de control de la Junta. 

La más elemental de las higienes democráticas invita a exigir responsabilidades políticas: un caso así no se solventa echándole la culpa a «cuatro golfos» que se aprovecharon de la bondad ilusa de sus inmediatos superiores. Sigan atentos a la pantalla.

Julio Cesar Vidal11/02/2011   Gandhi, la sal y Cataluña

Esta semana han tenido lugar dos acontecimientos que me han llevado a reflexionar detenida y profundamente. El primero es el aniversario de la Marcha de la Sal de Gandhi.

El Mahatma estaba más que convencido de que la India necesitaba independizarse de la explotación colonial a que la sometía el Reino Unido y, tras años de darle vueltas, decidió que el arma económica sería esencial para alcanzar la ansiada meta. Fue así como inició la Marcha de la Sal.

A pie, fue recorriendo la India hasta llegar al mar y sacar de allí la sal directamente en lugar de comprarla a los británicos.

La soñada independencia tardó años en producirse, pero desde aquella famosa marcha el dominio británico quedó irremisiblemente tocado. Esta semana, además, Artur Mas se dignó venir a Madrid para perpetrar el enésimo acto de saqueo del nacionalismo catalán.

Con un Zapatero bien dispuesto, Mas le ha sacado casi 800 millones de las infraestructuras que le niegan al resto de España; la posibilidad de endeudar más al Govern con un derroche que pagamos los demás, e incluso la promesa de un nuevo sistema fiscal que significará nuestra quiebra ineludible. A esto únanse otras prebendas, como que sigamos inyectando dinero en las cajas catalanas, en su mayoría quebradas, o que nuestros impuestos vayan a mantener ruinosos aeropuertos catalanes.

En otras palabras, el protectorado que el nacionalismo catalán disfruta sobre el resto de España ha dado una nueva vuelta de tuerca. Pues bien, yo estoy hasta el pelo de soportar que me vacíe los bolsillos una casta que se gasta el dinero de todos en corruptos, en informes sobre la concha brillante, en comprar lanzas a los indios por un millón de euros; en abrir fantasmagóricas embajadas en el extranjero o en políticas imperialistas en Aragón, Baleares y Valencia.

Precisamente por ello, y para ayudar a la causa de la independencia de España del durísimo yugo del nacionalismo catalán, desde esta semana no compraré ni una sola libra de sal producida en Cataluña.

Porque o nos independizamos del nacionalismo catalán, o acabaremos todos en taparrabos como los indios.

Javier Marias

06/02/2011   Discusiones ortográficas II

Además de las expuestas el pasado domingo, hay algunas objeciones que quisiera hacer a las nuevas normas de la reciente Ortografía de la Real Academia Española y de las otras veintiuna, sobre todo americanas, que la han acordado por unanimidad.

a) Mayúsculas y minúsculas. En realidad no entiendo por qué tal cosa ha de ser regulada, ya que, a mi parecer, pertenece al ámbito estilístico personal de cada hablante –o, mejor dicho, de cada escribiente–. Habrá ateos que escriban siempre “dios” deliberadamente, y todo creyente optará por “Dios”, por poner un ejemplo extremo. Según la RAE, supongo, habría que escribirlo en toda ocasión con minúscula, ya que ha decidido que todos los nombres que sean comunes (“rey”, “papa”, “golfo”, “islas”, etc.) han de ir así obligatoriamente aunque formen parte de lo que para muchos hablantes funciona como nombre propio. Así, “islas Malvinas”, “papa Benedicto”, “mar Mediterráneo” o “rey Juan Carlos”. E, igualmente, al referirse a un rey concreto, omitiéndole el nombre, habría que escribir “el rey” y nunca “el Rey”. Yo no pienso seguir esta norma, porque considero que algunos títulos y nombres geográficos funcionan como nombres propios y topónimos, o son sustitutivos de ellos. Cuando en España decimos “el Rey” –y dado que sólo hay uno en cada momento–, utilizamos esa expresión como equivalente de “Juan Carlos I”, algo a lo que casi nadie recurre nunca. De la misma manera, “Islas Malvinas” funciona como un nombre propio en sí mismo, equivalente a “República Democrática Alemana”, que era el oficial del territorio también conocido como Alemania Oriental o del Este. Según las últimas normas, deduzco que nos tocaría escribir “la república democrática alemana”, con lo cual no sabríamos bien si se habla de un país o de qué. Si yo leo “el golfo de México”, ignoro si se trata de una porción de mar o de un golferas mexicano –tal vez del golferas por antonomasia, ¿acaso Cantinflas?–. Y si leo “príncipe de Gales”, dudo si se me habla del tejido así llamado o del heredero a la corona británica.

 b) Zeta. La RAE ha decidido que el nombre de esa letra se escriba sólo con c, porque con ésta se representa ese sonido –en parte de España– antes de e y de i. Siempre me pareció tan adecuado que el nombre de cada letra incluyera la letra misma que durante largo tiempo creí que la x se escribía “equix”, aunque todos digamos “equis” y así se escriba de hecho. Pero es que además el reciente Diccionario panhispánico de dudas, de la misma RAE, valida grafías como “zebra” (aunque la juzga en desuso), “zinc” o “eczema”. Y, desde luego, no creo que se oponga a que sigamos escribiendo “Ezequiel” y “Zebulón”. No veo, así pues, por qué “zeta” pasa a ser ahora una falta. No está mal que haya algunas excepciones o extravagancias ortográficas en las lenguas, y en español son tan pocas que no veo necesidad de suprimirlas.

c) Qatar. La RAE decide que este país y sus derivados –“qatarí”– se escriban con c. El origen de esa peculiar grafía –aceptada en casi todas las lenguas– está, al parecer, en la recomendación de arabistas, que distinguen dos clases diferentes de fonema /k/ en árabe. Por eso, arguyen, se escribe “Kuwait” y se escribe “Qatar”, pese a que nosotros percibamos el fonema en cuestión de una sola manera. La representación gráfica de las palabras –eso lo sabe cualquier poeta– tiene un poder evocativo y sugestivo que las nuevas normas desdeñan. Si yo leo “Qatar”, en seguida se me sugiere un lugar exótico y lejano. Si leo “Catar”, en cambio, lo primero que me viene a la imaginación es una cata de vinos. Pero es que además, para ser consecuente, la RAE tendría que condenar la ortografía “Al Qaeda” y proponer “Al Caeda” o quizá “Al Caida” o quién sabe si “Al Caída”. Los internautas iban a tener graves problemas para encontrar información sobre esa organización terrorista, desconocida en el resto del mundo, y de la que lamentablemente hoy se habla a diario.

d) Ex. Decide la RAE que no se separe ese prefijo del vocablo que lo acompañe, y que se escriba “exmarido”, etc. Sin embargo, y dado que en español hay numerosas palabras largas que empiezan por “ex” sin que esa combinación sea un prefijo, un estudiante primerizo de nuestro idioma puede verse en dificultades para saber si “exayuntamiento” es un vocablo en sí mismo o si “exacerbación” o “execración” se componen de dicho prefijo y de las inexistentes “acerbación” y “ecración”.

e) Adaptaciones. Las grafías “mánayer” o “pirsin”, que la RAE propone, son tan irreconocibles como lo fue “güisqui” en su día (fea y además mal transcrita, como si escribiéramos “güevos”). En cuanto a “sexi”, es directamente una horterada, siento decirlo.

En la Academia hay quienes consideran que discutir y objetar a estas cosas es perderse en minucias. Puede ser. Pero habrá de concedérseme que también lo es, entonces, dictaminar sobre ellas y aplicarles nuevas normas. Si la Ortografía se ha molestado en mirarlas, no veo por qué no debamos hacerlo quienes estamos en desacuerdo con sus modificaciones. Termino reiterando lo que ya dije hace una semana: mis modestas objeciones no me impiden reconocer el gran trabajo que, en su conjunto, supone la nueva Ortografía, obra admirable en muchos sentidos. Habría sido redonda si no hubiera querido enmendar lo que quizá ya estaba bien, desde su versión de 1999. Porque para mí nuestra lengua es ahora un poco menos elegante y menos clara.

Javier Marias30/01/2011 Discusiones ortográficas I

No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos “dimenticano” (“olvidan”), nada nos indica si se trata de un vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice “diménticano”. Lo mismo sucede con “dimenticarebbero” (“olvidarían”), “precipitano”, “auguro” y tantos otros que uno precisa haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo llevan: “dimenticarébbero”, “prechípitano”, “áuguro”. Del francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno lee como “oiseaux” (“pájaros”) se ha de escuchar más o menos como “uasó”. El inglés ya es caótico en este aspecto: ¿cómo imaginar que “break” se pronuncia “breic”, pero “bleak” es “blic”, y que “brake” es también “breic”? ¿O que la población que vemos en el mapa como “Cholmondeley” se corresponde en el habla con “Chomly”, por añadir un ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares?

Este considerable obstáculo era inexistente en español –con muy leves excepciones– hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas. Vaya por delante que se trata de una institución a la que no sólo pertenezco desde hace pocos años, sino a la que respeto enormemente y tengo agradecimiento. El trabajo llevado a cabo en esta Ortografía es serio y responsable y admirable en muchos sentidos, como no podía por menos de ser, pero algunas de sus decisiones me parecen discutibles o arbitrarias, o un retroceso respecto a la claridad de nuestra lengua. Tal vez esté mal que un miembro de la RAE objete públicamente a una obra que lleva su sello, pero como considero el corporativismo un gran mal demasiado extendido, creo que no debo abstenerme. Mil perdones.

Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o –aún peor– intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que deba adecuarse al habla. Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir “guión”, está forzándome a decir esa palabra como digo la segunda sílaba de “acción” o de “noción”, y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga “guion”. Tampoco que pronuncie “truhán” como “Juan”, que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo “truhan”. De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice “truan” y es un monosílabo?), lo mismo que a “ahumado”, “ahuyentar” y tantos otros. O, ya puestos, y siguiendo al italiano y a García Márquez en desafortunada ocasión, ¿por qué no suprimir todas las haches de nuestra lengua? Los italianos escriben “ipotesi”, “orrore”, “eresia” y “abitare”, el equivalente a “ipótesis”, “orror”, “erejía” y “abitar”. Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. (Dios lo prohíba, con su hache y su tilde.)

En cuanto a “guié” o “crié”, si se me vetan las tildes y se me impone “guie” y “crie”, se me está indicando que esas palabras las debo decir como digo “pie”, y no es mi caso, y me temo que tampoco el de ustedes. Hagan la prueba, por favor. Tampoco digo “guió” y “crió” como digo “vio” o “dio”, a lo que se me induce si la única manera correcta de escribirlas es ahora “guio” y “crio” (en la Ortografía de 1999 poner o no esas tildes era optativo, y no alcanzo a ver la necesidad de privar de esa libertad). En cuanto a “riáis” o “fiáis”, si yo leo “riais” y “fiais”, como ordena la RAE, me arriesgo a creer que he de pronunciar esas formas verbales igual que la segunda sílaba de “ibais”, lo cual, francamente, no es así. Y si leo “hui” en vez de “huí”, nada me advierte que no deba decir esa palabra exactamente igual que la interjección “huy” (tan frecuente en el fútbol) o que “sí” en francés, es decir, “oui”, es decir, “ui”. Si un número muy elevado de hablantes percibe todos estos vocablos como bisilábicos con hiato, y no como monosilábicos con diptongo, ¿a santo de qué impedirles la opcionalidad en la escritura? La RAE parece tenerle pánico a la posibilidad de elegir en cuestión de tildes (que es algo menor y que no afecta a la sacrosanta “unidad de la lengua”). Pero es que además es incongruente en eso, porque sí permite dicha opcionalidad en “periodo” y “período”, “policiaco” y “policíaco”, “austriaco” y “austríaco” (yo siempre las escribo sin tilde), lo mismo que en “alvéolo” y “alveolo”, “evacúa” y “evacua” y otras más. ¿Por qué no permitir que cada hablante opte por “truhán” o “truhan”, como aún puede hacerlo (por suerte) entre “solo” y “sólo”, “este” y “éste”, “aquel” y “aquél”? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase “Estaré solo mañana”? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios.

Carlos Herrera28/01/2011 - El Cuento independentista : Los nacionalistas catalanes saben que tienen entre doce y veinte meses para hacer paté de los hígados zapateristas.

 

QUE a nadie sorprenda el nervioso ataque de independentismo sufrido y extravasado esta semana por Jordi Pujol y sus adláteres: siempre lo han sido, aunque lo deseen a medias. Tanto el veterano dirigente nacionalista, tildado repetidamente de «moderado», como los cachorros que ha criado a sus nutridos pechos esconden en sus meandros una corriente indudablemente secesionista que se corresponde, consecuentemente, a su corazón nacionalista. Nada que reprochar: cada uno es lo que quiere ser —aunque la razón y el sentido común desdiga algunas voluntades frívolas e irreflexivas—, pero la ciudadanía que trasiega a diario con las cuitas de la vida moderna, tan antigua a la vez, no está para ser sometida a tensiones inútiles, estériles, melancólicamente absurdas. Amenazar a estas alturas con la independencia de Cataluña tiene menos efectos que exhibir un matasuegras en cualquier sesión plenaria del Congreso de los Diputados: no sólo no asusta a nadie, sino que puede, incluso, excitar a unos cuantos deseosos de quitarse de en medio la monserga permanente de escuchar lamentos irritados.
 
Es evidente que, en los jardines interiores, agitar agravios de vecindad acarrea pólvora sentimental y arrebatos de dignidad ofendida, pero difícilmente llega más allá de una revolución de bloque de vecinos en su tiempo libre. La independencia de Cataluña, la real, la efectiva, la que supone ponerse a la cola de los países que quieren entrar en la UE, la que significa tenerse que beber todo el vino criado en esa digna tierra, la que implica organizar una liga particular deporte por deporte, la que provoca perder decenas de puntos de su PIB, no interesa más que a unos cuantos espíritus simples e inflamados. Cualquier cabeza medianamente amueblada sabe que una declaración de independencia, cinematográficamente atractiva, épica como una colección de cromos, motivo indudable de pintores baratos, significa la ruina, el aislamiento sentimental, la anécdota histórica y el enfrentamiento civil, cuando no el éxodo o la huida.
 
Por todo ello hay que situar toda esa verborrea pujolista en su exacto término: a los nacionalistas catalanes no les interesa la independencia, les interesa el independentismo, que es mucho más rentable. La independencia real significaría renunciar a un mercado natural, el español, que resuelve la venta del producto catalán, tan interesante y competitivo, desde el bancario hasta el vitivinícola. El independentismo, en cambio, no es más que un juego de salón, una amenaza permanente, una constante irritación de colon con la que amenazar, tensar, indisponer y excitar respuestas desabridas para así poder mesarse las barbas de patriarca y pronunciar las palabras mágicas que habrán de levantar a un pueblo indignado: «¡nos odian!».
 
Mediante la independencia llegaría una felicidad postural de no muy largo recorrido, pero mediante el independentismo llegan acuerdos políticos de interés nada despreciable: si los votos de CiU son necesarios para acabar la legislatura, excitarán el ambiente mediante proclamas medievales para obtener, por ejemplo, autorización para emitir bonos, deuda, con la que salir del embrollo en que les ha metido su propia ansia de jugar a los Estados, su propia soberbia presupuestaria, su gasto sin recato por reforzar diariamente la identidad. Aún así, no deberían molestarse tanto: el gobierno será comprensivo y ellos lo saben. Los nacionalistas catalanes saben que tienen entre doce y veinte meses para hacer paté de los hígados zapateristas, más allá de las reivindicaciones razonables que en materia presupuestaria puedan elevar. Durante ese tiempo, la comedia independentista se representará en sesiones de tarde y noche. Háganse a la idea.

Julio Cesar Vidal

28/01/2011 ¡ Adios hipoteca, adios!

Una sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra ha resuelto que, de acuerdo con el artículo 140 de la Ley Hipotecaria, la deuda hipotecaria que un particular tiene con un banco queda saldada al entregar la vivienda y que, por tanto, la entidad no tiene derecho a seguir persiguiéndolo hasta que supla la cantidad que le parezca pertinente.

No sólo eso. La sentencia establece que no puede pretender el banco que, ante la pérdida de valor de un inmueble, sea el que paga la hipoteca el único que cargue con las consecuencias de esa circunstancia, ya que los bancos tienen una enorme responsabilidad en la burbuja inmobiliaria.

La sentencia es firme y, de hecho, el banco acreedor ha tenido que anunciar que irá al Constitucional para intentar su derogación. Teniendo en cuenta quién está en este Tribunal, a día de hoy me temo lo peor. Sin embargo, la resolución judicial me parece rezumante de justicia.

Durante décadas, los políticos han mantenido secuestrado el suelo, provocando una subida artificial de la vivienda que benefició, y mucho, a bancos, cajas y constructores.

En términos proporcionales, la vivienda en España costaba un 60 por ciento más que en la UE, pero todos estaban encantados. Por supuesto, los bancos y cajas se aseguraban de que les iban a pagar y lo hacían no sólo con el bien hipotecado -que es lo que pretende la vieja institución jurídica de la hipoteca-, sino con otras garantías añadidas, con avalistas, e incluso con seguros de vida que el prestatario se veía obligado a suscribir.

El negocio no podía ser más redondo, pero de repente semejante latrocinio en comandita se ha convertido en imposible. ¡Adiós trinques de políticos! ¡Adiós pelotazos de constructores! Ahora ha sonado el adiós de los bancos y las cajas. Nadie les mandó conceder créditos en condiciones absurdas ni aceptar avales dudosos ni competir como alimañas en el mercado hipotecario.

Que paguen las consecuencias de sus errores; que saquen al mercado lo que tienen a su precio real y que no pretendan cargar a los deudores con sus pecados. Lástima no me dan ninguna.

 

Javier Marias23/01/2011   Delaten, no se priven

Olvídense de que soy fumador y de que, como dije la semana pasada, la nueva ley antitabaco me parece fascistoide en sí misma y atentoria contra las libertades. La batalla ya la hemos perdido, y la mayoría de quienes encendemos pitillos somos más educados y civilizados que quienes llevan a cabo sus feroces campañas contra nosotros. Acataremos la ley y supongo que pisaremos bares y restaurantes con menos frecuencia de lo que solíamos. Sólo se nos permite consumir un producto legal, con el que el Estado español se ha forrado durante siglos y se sigue forrando, en nuestras casas y a la intemperie. Saldremos poco. Cada vez que se nos invite a un domicilio, preguntaremos antes si se nos permitirá fumar en él, y si la respuesta es “No”, no iremos. Ni a cenas ni a fiestas ni a tomar un café. Los fumadores y los no fumadores estaremos cada vez más divididos, posiblemente dejaremos de tratarnos. Ahora que la ignorante Leire Pajín y su padrino Zapatero preparan una Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación, con la que esa puritana pareja pretende “que no se humille a nadie y que nadie pueda sentirse humillado”, deben saber que no hay mayor humillación, para un 30% de la población –unos 14 millones de individuos, nada menos–, que verse excluidos de la sociedad por tener una costumbre –o un vicio, tanto da– a la que el propio Estado al que representan nos ha alentado durante décadas, en su beneficio y en el de la Sanidad de todos, que se paga en buena parte con los impuestos del tabaco.

Pero olvídense de esto. Lo que resulta más repugnante de todo el asunto es la actitud de los susodichos ahijada y padrino, que una vez más han demostrado que ni son de izquierdas ni tienen la menor idea de lo que es un sistema democrático, al haber instigado a los ciudadanos a comportarse como lo que no son ni tienen por qué ser, excepto en los regímenes totalitarios. Pajín y Zapatero habrían estado a gusto en la España de Franco, en el Chile de Pinochet, en la RDA de la Stasi, lo estarían en la Venezuela de Chávez, en la Cuba de Castro y en el Irán de Ahmadineyad, lugares en los que se conminó o se conmina a los particulares a ejercer de policías y chivatos y a delatar al vecino, a que todos formen parte indirecta de los Guardianes de la Revolución o como se llamen en cada sitio. Da lo mismo de lo que se trate en cada caso: aquí es impedir que las mujeres muestren un mechón de cabello, allí que nadie se aparte de la doctrina bolivariana, más allá –en nuestro país, durante cuarenta años– que haya “desafectos” o “tibios” y que queden impunes los “enemigos del Régimen”.

Elvira Lindo ve exagerado hablar de “represión” o “totalitarismo” ante una cuestión tan menor como el tabaco, y nos pide que dejemos esos términos “para cuando de verdad hagan falta”. Sólo puedo responderle que, para que de verdad no hagan falta –para que alguien no pueda ir a la cárcel por cualquier estupidez, o porque se les antoja a los gobernantes–, hay que señalar en seguida todo indicio de autoritarismo, por baladí que sea el asunto. Y puede que la libertad de fumar sin causarle daño a nadie –es decir, sólo entre fumadores voluntarios, lo único a lo que hemos aspirado– sea baladí. Pero no lo es, en cambio, que Zapatero y Pajín insten a los ciudadanos a actuar como delatores. Entre denunciar y delatar hay algunas diferencias, pero la principal es esta: el que pone una denuncia contra alguien ha de hacerlo a cara descubierta, firmando con nombre y apellidos, entre otras razones para que el acusado pueda defenderse y exigir al denunciante que pruebe sus cargos o se atenga a las consecuencias; el que delata lo hace a escondidas y anónimamente, sin arriesgarse siquiera a que el delatado le retire el saludo y sin verse obligado a demostrar nada. El delator es un ser despreciable, lo saben hasta los niños, y fomentar la delación es fomentar la difamación y la cobardía, lo que han hecho Zapatero y Pajín. El primero, además, ha añadido cinismo, permitiéndose decir que su ley “no es prohibitiva, sino preventiva”. Aún me acuerdo de cuando prometió que no cambiaría, en 2004. Parecía, por entonces, más persona que el resto de sus colegas.

Por si todo esto no bastara, varias asociaciones se han ofrecido a tramitar las denuncias de los delatores vocacionales, para que puedan conservar aún mejor su anonimato y no se tomen molestias. Una es Facua, que ejerce así de comisaría, lo mismo que Nofumadores.org, de la que no esperaba menos: hará cosa de un año, su Presidenta, Raquel Fernández Megina, me escribió una carta insinuando que, puesto que me oponía a la ley en ciernes, acaso estuviera pagado por las tabacaleras. Una de las cartas más mezquinas que he recibido en mi vida, y les aseguro que ya llevo unas cuantas. Le contesté recomendándole que, antes de hacer semejante insinuación, se informara de a quién se la hacía, porque, en lo relativo a aceptar dinero, yo no lo acepto ni del Estado, gobierne quien gobierne, y por eso declino siempre hasta las más inocuas invitaciones del Ministerio de Cultura o de los Institutos Cervantes. Pero es el franquismo redivivo, lo que estamos padeciendo: si alguien se opone a algo, no es porque esté en desacuerdo, sino porque está “comprado”. Entonces era por el oro de Moscú, se acordarán algunos. Ahora es por la industria tabaquera, o por las ganaderías si se defienden las corridas. Creer eso, o decirlo, es típico del pensamiento totalitario: sólo pueden discrepar de mí, que estoy en posesión de la verdad, quienes están sobornados. Delátenlos anónimamente, no se priven. Ya se sabe que, de las calumnias, siempre algo queda.

 

Carlos Herrera21/01/2011 El paso cambiado de la política

 

IGNORO si este es un fin de ciclo político del PSOE. Por muchas evidencias que, en forma de encuestas o de percepciones particulares, se puedan manejar acerca de la escasas o nulas posibilidades de los socialistas de permanecer en el poder, todo futuro es siempre incierto. Las elecciones se habrán de producir, con toda seguridad, allá por 2012 y de hoy hasta esa fecha indefinida media un largo camino de incertidumbre en el que nadie puede asegurar cuál será el resultado final del recuento de votos. ZP, como alguno de sus barones autonómicos o locales, dan la sensación de caminar con el paso cambiado de los días, con el trote equivocado de aquél que, haga lo que haga, va de charco en charco. Ello se aprecia en la necesidad perentoria de poner en marcha ocurrencias, una tras otra, por si alguna de ellas hace que suene la flauta caprichosa y casual de la fortuna. Así camelan un día a los grupos nacionalistas prestándose al esperpento de la traducción simultánea en el Senado, como prometen la creación de un comité televisivo que habría de velar por la pureza de contenidos en la pequeña pantalla, como desarrollan una ley de supuesta igualdad de trato que desafía cualquier elemento fundamental del estado de derecho.
 
A la primera iniciativa le ha contestado una indeterminada masa crítica de la opinión afeando el entretenimiento parlamentario consistente en disponer de una partida presupuestaria para que, de vez en cuando, se contraten intérpretes y así sus señorías puedan jugar a los países con la excusa de proteger unas lenguas cooficiales que están sobradamente protegidas e impulsadas en sus ámbitos respectivos. Hay tantas razones para amparar actos simbólicos como los plenos plurilingües como para censurar un dispendio innecesario en tiempos de apretura. Lo que hubiera sido una discusión de corto recorrido en cualquier momento de bonanza ha resultado una polémica desabrida merced al paso cambiado de los bailarines gubernativos. Tal que así, la advertencia de la puesta en marcha de un comité vigilante de contenidos televisivos ha despertado las sospechas de aquellos que creen que ningún intento controlador impulsado por los socialistas puede traer nada bueno. Inevitablemente, siempre planeará sobre ellos la sospecha —normalmente bien fundada— de que están amasando un grupo de censores dispuestos a crearle problemas a aquellas estaciones que se caractericen por una mayor intensidad en la crítica a la labor de gobierno de estos muchachos. Aunque no fuera a ser así, la sensación es palpable. Si pierdes la comba, el paso, tropiezas con la cuerda, más allá de que tus intenciones sean angelicales y levantas la inevitable sospecha. Qué decir de la supuesta ley de Igualdad de Trato según la cual otro paniaguado gubernamental puede complicarle la vida a un empresario por haber tomado una decisión que haya perjudicado a un denunciante indignado. Si elegir es discriminar —siempre—, ¿qué impide que el no elegido considere que se ha cometido una injusticia e inste a un «comité» a que obligue a demostrar que es inocente a quien tomó la decisión? Nada. La ocurrencia legislativa se lo permitirá.
 
El gobierno de ZP puede, de aquí a mediados del 2012, exprimir la chistera para vaciar de ingeniosidades la muy fecunda factoría de chorradas socialistas que tanto gustan a una parroquia de seguidores cada vez más menguada. Pero cada idea que manejan parece hundirles más en el pozo negro de la desafección. No sabemos qué pasará, pero si no recuperan el paso sensato de la política a compás, su futuro se oscurece de forma preocupante. Preocupante para ellos, está claro

 

 

Julio Cesar Vidal21/01/2011 Estudiemos chino

Hace años, decidí reorientar mi vida reduciendo mi presencia en los medios y dedicar el tiempo a estudiar chino. Iba progresando e incluso ya había empezado a regatear en la lengua del antaño Celeste Imperio en las tiendas de todo a cien, cuando Federico Jiménez Losantos me pidió que dirigiera La Linterna de Cope. Di el enésimo giro a mi vida y abandoné el estudio del chino. Quizá me equivoqué.

Desde que Nixon viajó a China en aras de una política multilateral que pretendía acabar con la Guerra Fría y cercar a la URSS ha llovido mucho. Con todo, y pese a los presidentes nefastos, como Carter, EEUU ha logrado en estas décadas mantenerse como primera potencia mundial.

Sensación que se ha desvanecido estos días al observar el encuentro entre Hu Jin Tao y Obama. No sólo es que el presidente de EEUU no haya logrado arrancar un compromiso a Hu Jin Tao -algo no tan sorprendente-, sino que ni siquiera las cuestiones económicas han resultado favorables para la que aún es primera potencia.

Ciertamente, se han firmado algunos contratos relacionados con la aviación, pero China seguirá manteniendo artificialmente bajo el yuan -lo que perjudica al resto del planeta hasta límites insospechados- y no tiene la menor intención de ceder una pulgada en su política agresiva en Extremo Oriente. Sin duda, una de las claves para comprender ese pulso reside en que China posee el 20 por ciento de la deuda pública de EEUU.

En otras palabras, en las manos de un régimen que obliga a los familiares de los ejecutados a pagar la bala que les dio muerte se encuentra el futuro económico de la primera potencia mundial. Si ese panorama es inquietante para una nación de la envergadura de Estados Unidos, ya podemos ir imaginando lo que implica para nosotros.

Anda Zapatero tan contento porque China absorbe una parte de nuestra deuda pública. Por supuesto, como siempre que ZP sonríe, las personas decentes deberían tentarse la cartera y las libertades. No sé si desandar el camino surcado y volver a mis estudios de chino...

 

 

Carlos Herrera16/01/2011 El «hoax» de una supuesta funcionaria y su carta bulo

 

Circula por la Red la carta de una supuesta funcionaria de Granada en la que se realizan bastantes consideraciones -particularmente demagógicas- acerca de unos comentarios de este periodista sobre el espinoso asunto del recorte de sueldo a los empleados públicos. Es un hoax. ¿Qué es un «hoax»? Un bulo de los muchos más que corretean con diferente suerte por Internet. Jamás, como afirma, he celebrado que se «meta mano» a los funcionarios, jamás he considerado el recorte de su sueldo una bendición para todos los demás, jamás he afirmado que no uso el trabajo de aquellos que se dedican a la función pública y jamás los he calificado de «panda de vagos». Podemos establecer todas las comparaciones que queramos y ver de qué manera se ha realizado el mismo recorte en otros países, podemos valorar el hecho de que miles, millones de trabajadores del sector privado también han recortado su sueldo -cuando no lo han perdido- y podemos debatir acerca de la conveniencia o no de la medida, su repercusión en el recorte del déficit público o su consecuencia final en el descenso del consumo privado por parte de un número considerable de ciudadanos. Pero lo que no haremos nunca los que tenemos dos dedos de frente es alegrarnos de que a un médico, a un guardia civil o a un profesor le den un tajo en sus, por otra parte, no excesivos ni generosos sueldos. Por demás, se pilla pronto a un mentiroso: afirma el autor o la autora de la mentira haber dejado de escuchar el programa y haberse convertido, por lo tanto, en una «ex forofa». Si de veras fuera una oyente fiel u ocasional, sabría que ése no es el término para definir a un escuchante de las mañanas de OCR: desde hace muchos años se autodenominan «fósforos», con lo que habría escrito «ex fósforo». Pero ha cumplido el trabajo travieso de quien lo ideó: un buen puñado de empleados públicos me han dirigido mensajes incendiados, deseándome alguno de ellos que me asesinara la ETA y preguntándose cómo puedo ser tan insolidario o tan despreciativo con ellos. Quede claro pues desde aquí: nunca he dicho lo anterior y no tengo nada que ver con la basura que escribe esa carta.

Ocurre con frecuencia en la Red. A Alfonso Ussía le colgaron la autoría de un artículo sobre Pedro Almodóvar que el columnista nunca escribió y que circulaba de correo en correo; en él, el autor se despachaba groseramente sobre el director manchego con un estilo que quería parecerse al del genial columnista de La Razón, pero con unas faltas sintácticas impensables en Ussía: aun así, no poca gente tragó. Como tragaron con la supuesta filiación proetarra de los componentes de La Oreja de Van Gogh: un correo saltarín se preguntaba inocentemente cómo era posible que hubieran reconocido en una entrevista con Pedro Ruiz en TVE ser afiliados a la causa Batasuna. Era mentira. Ni siquiera habían sido entrevistados por Pedro, pero a más de uno le pudo afectar y dejar de comprar un disco suyo. Lo mismo le ha ocurrido al diseñador Tommy Hilfiger, al que acusan de haber dicho en un programa de Oprah Winfrey que él no diseña ropa para negros o hispanos, ya que razas como ésas estropean sus diseños. Según la leyenda, la Winfrey lo expulsó inmediatamente del programa. Evidentemente, los dos jamás se han encontrado en un plató y a Hilfiger no se le ha ocurrido decir una barbaridad así, pero parece haber gente con tragaderas inagotables a la que le gusta recibir noticias que, en el fondo, le gusta oír. Diversas marcas comerciales han tenido que apañar sutiles campañas de desmentido a informaciones perversas convertidas en hoax: Danone reaccionó con eficacia cuando algún envenenador hizo correr que su producto Actimel era poco menos que cianuro, y Red Bull, tres cuartos de lo mismo ante una supuesta y sesuda información que aseguraba que producía efectos irreversibles sobre el hígado.

Por tanto quede claro para todos aquellos empleados públicos que se han sentido afectados por el contenido de ese hoax: jamás he escrito ni dicho nada semejante, tengo el trabajo de esa larga lista de servidores públicos en alta estima y lamento mucho su recorte de emolumentos.

Y no se crean todo lo que les mandan por correo electrónico.

 
 

 

Julio Cesar Vidal14/01/2011 María Emilia en el Tribunal Constitucional

 

Consentiría alguien que el juez que decide su divorcio fuera marido de la letrada de la parte contraria? ¿Consentiría alguien que la jueza que resuelve su despido fuera la esposa del abogado de la empresa? ¿Consentiría alguien en que el juez que debe dictar una resolución sobre un impago hubiera realizado un informe para una de las partes?

 

Por supuesto que no, me dirán ustedes. Es de sentido común que alguien cuyo cónyuge tiene intereses económicos con una de las partes implicadas en una causa no puede decidir sobre ese asunto judicial.

 

Bueno, no puede hacerlo si tiene algo de decencia profesional o funcionan las instituciones. Como en España algunas instituciones tienen un desarrollo, como mínimo, deficiente; y como, por añadidura, algunas personas carecen de vergüenza, ese caso señalado se ha producido.

 

Quizá una de las ocasiones más sonadas fue cuando María Emilia Casas, hasta hace unas horas presidenta del Tribunal Constitucional, siguió en el ejercicio de su cargo pese a que su marido había cobrado de los nacionalistas catalanes por realizar un informe sobre el nuevo Estatuto. Insisto en ello. Cualquier persona con sentido del decoro hubiera dimitido en un caso así o se habría apartado de conocer la causa.

 

Casas hizo lo contrario. Soportó que María Teresa Fernández de la Vega la abroncara en público, consintió en aferrarse al cargo en circunstancias legalmente discutibles y maniobró y zascandileó para lograr una sentencia que salvara el inmundo estatuto de Cataluña.

 

Todo esto con el consentimiento de sus compañeros de institución que, al parecer, consideraron normal lo que habría resultado un escándalo en un procedimiento de menor cuantía.

 

Dicen que Casas lloró al despedirse de la poltrona que indignamente ha ocupado estos años. Mucho me temo que no sea por arrepentimiento, porque si alguien en la Historia reciente de España ha rivalizado con el malhadado Rufete en Lorca ésa ha sido Casas en el Constitucional.

 

Difícil es quedar peor, hacer tanto daño a la institución a la que se cobra por servir y contener el asco.

 

Julio Cesar Vidal07/01/2011 Gran coalición

 

Con unas encuestas que sitúan al Partido Popular a más de 15 puntos de ventaja del PSOE y con Bruselas presionando sin descanso, entre otras razones porque Berlín está hasta el moño de pagar lo que hacen ciertas naciones gobernadas por irresponsables, han sido varias las voces dentro del PSOE que han señalado la conveniencia de llegar a un gobierno de concentración nacional.

 

La razón para esa propuesta es el deseo de evitar que el que realice las reformas indispensables acabe cargando con toda la impopularidad.

 

Me consta que más de uno pensará eso de que a buenas horas mangas verdes o aquello de la vergüenza hay que tenerla antes. Con todo, a mí la propuesta, sean cuáles sean las motivaciones, me parece bastante sensata. Ni veo a ZP capaz de llevar a cabo reformas indispensables ni a un Rajoy acosado por la izquierda más montaraz, demostrando que es el hombre con más redaños del reino.

 

Para evitar ambos extremos indeseables, podría formarse un Gobierno de coalición que estuviera constituido fundamentalmente por técnicos en economía, que acabara con anacronismos como la rigidez del mercado de trabajo y el sistema de convenios colectivos; que reformara, de una vez por todas, un sistema financiero trepanado como un queso de Gruyére sacando de las cajas a partidos y sindicatos y que, por encima de todo, entrara con la megapodadora en ese despropósito llamado Estado de las Autonomías, sin importarle lo que digan los nacionalistas o las oligarquías locales.

 

Este último aspecto -esencial para Bruselas- no puede ser acometido sin un gran acuerdo nacional y, por añadidura, permitiría no atentar más contra los derechos de pensionistas, dependientes y funcionarios.

 

Por supuesto, me consta que no se trata de una decisión fácil y que implicaría una grandeza de mentalidad, que no ve uno ni entre los del partido de Leire Pajín ni entre los del otro que ha permitido la baja de Álvarez Cascos como si nada.

Sin embargo, no cabe engañarse. O se llevan a cabo las reformas, incluido un adelgazamiento gandhiano del Estado de las Autonomías, o ya podemos irnos preparando para una quiebra en el primer semestre de este año.

 

Carlos Herrera07/01/2011 El Fumeque y los chivatos

La ira social azuzada por furiosos vigilantes tan dados al relativismo en otros ámbitos produce una cierta inquietud

Hace un par de días multaron con 30 euros a un ciudadano que estaba fumando un cigarrillo en la terraza del Horno San Buenaventura de Sevilla, en la Plaza de la Alfalfa. ¿Cuál era el problema?: en el centro de esa plaza hay un corralito de escasísimo gusto con un par de toboganes para que los chiquillos del barrio se deslicen felices por ellos. Por lo visto la autoridad consideró que la distancia entre ambos elementos no era suficiente para poder aspirar y expulsar el humo libremente. Ni exhalando con toda la fuerza del lobo de los tres cerditos podía llegar un solo microgramo de humo a los niños —que no sé si los había—, pero eso debió darle igual al histérico denunciante que avisó presto a los municipales; estos llegaron, comprobaron que se fumaba e hicieron que cayera sobre ese perplejo tipo todo el peso de la ley.
 
De este va a ser un panorama común en los próximos meses. La irresponsable, nauseabunda y maloliente invitación a la delación de la ministra de Sanidad va a acarrear que ese tanto por ciento de no fumadores que se ha revestido de los hábitos de un talibán cualquiera se lancen como vigilantes moralistas sobre quienes enciendan un cigarrillo aunque sea en la calle. Afortunadamente, el entendimiento entre la gente normal permitirá que unos y otros se respeten: si en el interior de un bar no se puede fumar, no se fuma, y no creo que pase nada malo: uno no pasa la mañana entera en un bar, con lo que después del café se sale y se prende lo que se quiera. El problema está en aquellos que quieran sumarse al nuevo integrismo moralista tan de moda en la España relativista y nihilista: no denunciamos que una menor pueda abortar sin dar explicaciones a nadie, que se trituren en un fregadero los fetos de no nacidos o que cualquier mierda en una escuela pueda amenazar a un profesor, pero en cambio mostramos —o muestran algunos— una irritación casi histérica si un individuo enciende un cigarrillo al aire libre a muchos metros de unos toboganes vacíos. Se sabe que el número de denuncias que el teléfono de la moral antitabaco —valiente papelón el de Facua, con las cosas que tiene por hacer— ha sido cuantioso, lo que era de esperar: son aquellos que desde su integrismo están dispuestos a darle hecho el trabajo a la Autoridad para que esta no se moleste, son los nuevos ojos de la ley, los que aguardan con su guadaña vigilantes en calles, balcones, miradores varios. El chivato no goza de buena prensa en nuestra sociedad; el espíritu de «cederista» —miembro de los tristemente célebres CDR cubanos, Comités de Defensa de la Revolución, delatores que el régimen tiene en cada esquina del país— no ha estado bien visto en esta sociedad que tanto ha parecido apreciar la libertad individual, pero sin embargo en cuestión tan concreta como el tabaco hay un número indeterminado de ciudadanos que presume de señalar corriendo a un supuesto infractor. Llamativo.
 
Hace 25 años que este columnista dejó de fumar cigarrillos. Fue la mejor decisión de mi vida. Cuando se tercia, fumo un puro sin tragar el humo y procurando no molestar a nadie, como es lógico. No me molesta el humo pero me parece bien que en el interior de un bar no lo haya. No obstante, de ahí a que se haya instalado una fiebre integrista en nuestra sociedad y que se quiera convertir al fumador en un apestado maldito media un abismo. La ira social azuzada por furiosos vigilantes tan dados al relativismo en otros ámbitos produce una cierta inquietud.

 

Carlos Herrera 02/01/2011  El asombroso caso de Serafín García

Serafín García, a sus espléndidos setenta años, sabe silbar con todos los dedos. Y hablar con todos ellos. Es de La Gomera, claro. Cuidando las ovejas y las cabras de la familia aprendió a comunicarse a grandes distancias mediante el silbo gomero, lenguaje silbado que permite mantener una conversación de caserío en caserío y de una montaña a otra, incluso a algunos kilómetros de distancia. Sólo son variaciones de frecuencia de un mismo tono, pero bastan -si las manos son habilidosas- para reproducir mensajes y frases. La suya fue una infancia descalza, en la que las sandalias se utilizaban exclusivamente para ir a la escuela, y todo lo solitaria que supone pastorear bestias. Hasta que un día su padre emigró primero a Cuba y después, como tantos canarios, a Venezuela. No se lo pensó dos veces y junto con sus hermanos surcó el mar hacia la tierra de promisión, en la que empezó a ganar el equivalente a unos dólares sirviendo gasolina en un surtidor del que prácticamente no salía en las veinticuatro horas de un día. Hasta que un tipo le propuso ganar trescientos y trabajar para él en el negocio de la fruta. Allí mismo dejó la manguera con la que estaba sirviendo y entró en un universo en el que ha acabado siendo el rey de la alimentación venezolana, controlando prácticamente el setenta por ciento de la importación de peras, manzanas y uvas. Invirtió y diversificó hasta crear una red, con los años, de negocios florecientes en la banca, en la venta de automóviles y en el negocio frigorífico.

En la Venezuela de los sesenta era posible crecer y, no sin esfuerzo, enriquecerse. Así lo hicieron muchos españoles, singularmente canarios y gallegos, como Serafín, que se instaló en Puerto Ordaz-Ciudad Guayana, donde se unen el Caroní y el Orinoco, aguas que Uslar Pietri matrimonió como «un río de acero negro pulido». Esos empresarios desafiaron el sino al que ha estado condenada Venezuela por culpa de su dichoso petróleo, ese que ha impedido desarrollar otro músculo industrial que pusiera a salvo la economía del país de las consecuencias del alza de los precios de todo lo que debía importar precisamente como causa del alza de su propio oro negro.

A muchos de esos empresarios -que conservan a buen recaudo, como García, su nacionalidad española- son a los que el animal de Hugo Chávez y su régimen corrupto e inoperante ha expropiado -«¡Exprópiese!»- sin darles absolutamente nada a cambio. De ocho mil fincas agrarias contabilizadas en Venezuela, unas dos mil están en manos de emigrantes españoles, a varios de los cuales les han ocupado las fincas las huestes chavistas sin respaldo legal alguno y sin que la seguridad jurídica inexistente pudiera hacer nada por ellos. Ni siquiera mediar un precio por la expropiación. Ni que decir tiene que a Serafín García le tenían ganas y le levantaron su empresa importadora. Por supuesto, lo que era un floreciente negocio se convirtió en pocas semanas en un desastre organizativo que tan sólo consiguió hacer pudrirse la fruta importada y desabastecer mercados normalmente bien atendidos. Cuando el inoperante ministro Moratinos visitó Venezuela, reunió, junto con el embajador Viturro, a un buen puñado de españoles que le transmitieron su desesperación por el robo manifiesto al que estaban siendo sometidos. El gomero fue la voz cantante, pero abandonó la recepción cuando, por toda contestación, Moratinos sólo acertó a decir que «Hugo Chávez es el dirigente más votado de América».

Y allí sigue, aunque desde hace unos años se instalara en Miami con su esposa, Irene Sáez, la célebre y bellísima Miss Universo 1981 que fuera en su día alcaldesa de un municipio de Caracas y candidata a la Presidencia del país. Viaja cada semana a la peligrosísima capital venezolana y atiende algunos ámbitos de su negocio que aún no han sido intervenidos. Parece que, a la vista del desastre de los mangantes e inútiles comisarios políticos del chavismo, quieren que la empresa vuelva a manos de Serafín García y sus hermanos al fin de evitar el páramo en que se ha convertido el abastecimiento de fruta. Posiblemente así vaya a ser y, asombrosamente, se dé un caso inusitado: que socialistas y comunistas devuelvan lo robado. Lo habrá conseguido un gomero endiabladamente listo y trabajador que no hace tantos años andaba silbando por los montes de su isla.

 

 

Julio Cesar Vidal31/12/2010 "2011"

 

Con notable paciencia, inspirada sin duda por el hecho de que nos encontramos en fiestas navideñas, he contemplado las intervenciones de Mariano Rajoy y Zapatero con motivo del final de año. No quiero ser agorero cuando estamos ya con un pie en 2011, pero no me espero lo mejor.

 

A decir verdad, creo que más que nunca se pone de manifiesto que aquí sólo queda una salida para comenzar a reflotar la economía: recortar el gasto público comenzando de manera drástica por unas comunidades autónomas que, salvo en el caso de La Rioja y de Madrid, se han gastado lo que no está en los escritos.

 

Ya sé que no es lo mismo Cataluña -que representa el 28 por ciento de la deuda de las autonomías- que Murcia, pero el sistema como tal no da más de sí y/o extirpamos el tumor, o el cáncer acaba con nosotros.

 

Por otro lado, no se trata sólo de mi apreciación. He leído con verdadera atención todos los documentos de la UE sobre España y podrían resumirse en una afirmación: o acaban ustedes con el sistema absurdo de las autonomías que tienen o van al desastre sin duda alguna. Luego, en letra pequeña se entiende, además, que nuestros socios europeos no nos van a sacar del hoyo si previamente no hemos hecho nada al respecto.

 

Naturalmente, Bruselas da la bienvenida a cualquier recorte de otro tipo, pase por la jubilación, las pensiones o el consumo de alpiste de los canarios que alegran las horas de los funcionarios, pero el mensaje es claro: o acabamos con el sistema autonómico tal y como existe ahora o nos podemos ir pre- parando para una quiebra -sí, quiebra, llamemos a las cosas por su nombre- en la que no van a venir a ayudarnos sino, como mucho, a devorar lo que quede de nosotros.

 

Ni Rajoy ni ZP se han referido a este tema en sus intervenciones. Seguramente porque ambos desean pactar con un nacionalista iluminado que se deja entrevistar mientras se ducha, dejando así de manifiesto que lo único que tiene grande es el cabezón y el aldeanismo.

 

Pues nada, que Dios nos ampare en este 2011. Deseando estoy que llegue ya 2012, a pesar del calendario maya.

 

 

Carlos Herrera19/12/2010  Que se diviertan con su dinero, no con el nuestro

 

Unas semanas atrás, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía editó una guía para evitar el «androcentrismo» («tontocentrismo», según García Barbeito) mediante la cual se nos insta a los ciudadanos a adoptar una nueva costumbre en comunicaciones verbales y escritas que eviten el sexismo del habla cotidiana. He dejado pasar unos días por si mi interpretación era incorrecta y alguien de dicha Consejería comparecía en público para asegurar que había sido una precipitación o una broma y que, en el fondo, no querían decir en serio lo que decían. Pero no ha sido así, y los tres siesos que aparecieron para presentar esa basura pedagógica con ansias intervencionistas, por lo visto, hablaban en serio. La Junta de Andalucía considera que somos poco menos que machistas indecorosos por utilizar la expresión «futbolistas» para referirnos a los jugadores de fútbol: en el nuevo lenguaje políticamente correcto debe decirse «quienes juegan al fútbol» («¡ya están en el terreno de juego quienes juegan al fútbol!»). Por igual con un «actor», que debemos pasar a llamar «persona que actúa» («¡felicidades a Menganito, Oscar de Hollywood al mejor de quienes actúan!»). «Persona sin trabajo» por «parado» y «el señor Páez estuvo muy brillante en su intervención y su acompañante, la señora Martínez, realizó aportaciones muy inteligentes» por «el señor Páez estuvo muy brillante en su intervención y la señora Martínez iba muy elegante» (aunque no realizara aportaciones interesantes y sí fuera elegante). Coincidió la presentación de esta gilipollez con unas jornadas patrocinadas también por la Junta en las que juntaron el feminismo y el ecologismo en una resultante denominada «ecofeminismo» que viene a ser, según un consejero del Gobierno andaluz, «una mirada de género en el Medio Ambiente relacionada con la sostenibilidad y la igualdad, porque la desigualdad también es insostenible». Por lo visto, ecologismo y feminismo «comparten partida de nacimiento» y, como aseguró una de las sesudas y narcotizantes intervinientes, «la lectura feminista del paradigma de desarrollo humano sustentable permite considerar un acuerdo básico con sus planteamientos, principios y objetivos y la necesidad de incorporar a su epistemología, la perspectiva sintetizadora, integral y compleja: género-clase-edad-raza-etnia, capacidad, así como de condición legal, situación pacífica o de conflicto, zona devastada o próspera, cultura y mundo». Y pensar que yo me perdí esas jornadas. Por nada del mundo me lo perdono.

Ante un panorama de un millón largo de parados -o de personas que buscan empleo-, cuando está en juego el porvenir de nuestros hijos -de nuestra infancia, como hay que decir-, los señoritos de la cosa pública andaluza se permiten comparecer en público para presentar ocurrencias descerebradas nacidas de su indominable deseo de decirnos a los demás cómo tenemos que hablar, cómo tenemos que pensar o cómo tenemos que escribir en los medios de comunicación. A nadie se le ocurre que, estando el horno como está, lo que la población espera no es que salgan tres palurdos a pretender cambiarnos las costumbres y a querer convertirnos en seres artificialmente correctos según su pauta, sino que comparezcan hombres o mujeres que, al menos, no parezcan mediocres con pretensiones y que ofrezcan soluciones a los andaluces para salir del atasco permanente en el que nos encontramos. Y que si quieren entretenerse con experimentos de ingeniería social, que lo hagan con su dinero, como bien dice Paco Robles, el genial articulista de ABC y comentarista de Onda Cero, no con el nuestro. Que nos cuesta mucho más que a ellos ganarlo. Si todo este carretón de cargos públicos (que son, en realidad, cargas públicas) desconectados de la realidad, sectarios, ausentes, derrochadores, quieren entretenerse con estupideces, que se lo paguen de su bolsillo y se pasen el día en seminarios (o «feminarios») ensimismados con sus paridas, pero que a los demás no nos tomen por objeto de manipulación biopolítica.

El buen andaluz, según esta prole de necios (y necias), será, a partir de ahora, el que ralentice su conversación para adecuar su lenguaje a un nuevo código de corrección sexista nacido de las ocurrencias de algún pedagogo desocupado. Lo que nos faltaba, con la que está cayendo.

 

 

Julio Cesar Vidal17/12/2010 : Rufete en Bruselas

 

Ya saben los lectores que peor que cómo quedó Cagancho en Almagro sólo ha conseguido quedar Rufete en Lorca.

 

No voy a entrar ahora en la descripción de ese episodio que ha llegado a generar incluso la creación de páginas en Facebook. Tampoco me voy a detener en la descripción de la vida de Rufete, personaje tan nefasto y con tanta capacidad de hacer daño a su alrededor que lo mismo hubiera podido afectar negativamente la marcha de una cadena de radio que alterar el futuro de un equipo de fútbol.

 

Saco esto a colación porque si existe un Rufete paradigmático en la política nacional, ése es ZP. Durante un tiempo, y mientras erosionaba el tejido constitucional y contribuía a hundir nuestra economía, Rufete-ZP logró engañar a casi todos y, en especial, a los que carecían de conocimientos de economía.

 

Esos tiempos -felices para ZP- se acabaron hace mucho y, posiblemente, su toque de difuntos tuvo lugar el pasado 7 de mayo, cuando de la suspensión de pagos nos superó un grosor inferior al de un cabello.Luego los golpes se sucedieron uno tras otro.

 

Por supuesto, ZP ha intentado amortiguarlos con ese parachoques que se llama Rubalcaba y con las habituales divisiones acorazadas mediáticas, pero su frente está cada vez más cuarteado y entonces -en el colmo de la mala fortuna- lo han convocado a Bruselas para decirle por enésima vez que el sistema autonómico es insostenible y que o se lo carga de una fucking vez o que se atenga a las consecuencias, porque rescate no habrá.

 

Cómo será de urgente la cita que ZP no ha tomado las riendas en el Congreso para discutir la perentoriedad de prorrogar el estado de alarma, sino que ha salido a rendir cuentas, eso sí, convocando el día antes el Pacto de Toledo para dar la sensación de que hace los deberes.

 

Ni que decir tiene que con que en Bruselas vean a la señora López Ichamosa -¿de dónde habrán sacado a esta miembra que no sabe ni hablar?- dando explicaciones, a ZP no lo salva ni la paz ni la caridad. Vamos, que quedará como Rufete.

 

Pero, como suele suceder cada vez que en la historia de España interviene un Rufete, pagaremos el resto de españoles.

 

 

17/12/2010 El asedio permanente (Iñaki Garay - director Expansion)

 

Cada soldado de los Tercios de Flandes percibía una paga con la que tenía que buscarse la vida. Así, los arcabuceros recibían una soldada que, además de vivir, les debía permitir adquirir la pólvora y munición para sus armas.

 

Sólo en caso de asedio se abría el almacén real para que los que estaban en la batalla cogiesen toda la pólvora necesaria para brindar una victoria al monarca. Como era gratis, se disparaba con mayor alegría. De aquí viene la expresión “tirar con pólvora de rey”.

 

Hace mucho tiempo que los Tercios de Flandes desaparecieron, pero España parece vivir en un asedio permanente. Buena parte del problema que se ha vivido en las últimas semanas con los controladores es sólo la herencia de esta tragicomedia protagonizada por políticos a los que no les cuesta nada gastar el dinero de los demás. Así, durante mucho tiempo, en la Administración Pública, muchos gestores abrían los polvorines a las primeras de cambio con tal de evitar que se quebrara eso que se llama la paz social.

 

Cualquier colectivo con capacidad para crear un problema de magnitud, o, lo que es lo mismo, con capacidad de chantaje, conseguía unos privilegios que deberían provocar el sonrojo de quien los ha hecho posibles. Para unos era el precio de la paz, pero dudo que ese precio fuera el mismo si quien lo negocia tuviera que financiarlo de su bolsillo.

 

Estos privilegios, pagados con dinero público, siempre han sido poco presentables, pero ahora lo son mucho menos por las circunstancias especiales que vive el país con más de cuatro millones de parados y muchos más que pierden poder adquisitivo a marchas forzadas. Nadie pedía que los gestores de las cajas entregaran su vida en ese proceso de reconversión sectorial que supondrá la salida de más de 11.000 personas y el cierre de una cuarta parte de las sucursales, pero si esperábamos que al menos dejaran unas gotas de sudor.

 

La decisión de prejubilar a buena parte de su plantilla a partir de los 52 años y con el 95% del salario es poco respetuosa con los contribuyentes. No hay que olvidar que aproximadamente 7.000 de los 11.000 millones que las entidades han utilizado del Frob se destinarán a pagar esas jubilaciones anticipadas. ¿Con qué cara cualquier gestor de una empresa privada se puede enfrentar a un proceso similar con este ejemplo encima de la mesa?

 

Al sector financiero en general y las cajass en particular les atribuyen haber sido los causantes de la crisis. Alguna responsabilidad han tenido. Por eso deberían ser un poco más diligentes a la hora de arreglar el desaguisado.

 

 

12/12/2010 - El Informe Pisa (Iñaki Garay - director Expansion)

 

Cada vez que salen a la luz los resultados del Informe PISA, que mide el nivel de la educación en los diferentes países, entre ellos España, una riada de pesimismo y críticas inunda a nuestra opinión pública, lo que me lleva a recordar aquello que decía Joseph Joubert, un pensador contemporáneo de Napoleón, de que “los niños necesitan más los modelos que las críticas”.

 

La tendencia inicial es poner el centro de la diana sobre los propios jóvenes evaluados, de los que se dice que son vagos, que no tienen valores ni disciplina y que no saben quién escribió Platero y yo.

 

Ni los jóvenes españoles son de peor calidad ni son culpables de este supuesto nivel de mediocridad. Los chinos, que tienen proverbios para casi todo, dicen que “si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno ni es bueno el maestro”.

 

De la misma manera que se evalúa al alumno no estaría de más que se evaluara también el nivel del profesorado. No sólo sus conocimientos sino su capacidad para despertar en el discípulo el interés por el saber -incluso por cosas de las que nunca ha oído hablar el propio tutor o ningún otro- y, sobre todo, el interés por emprender. Puestos a evaluar, evaluemos también los textos para ver si fijan verdades absolutas o te cautivan recordándote que nadie es totalmente sabio pero todos podemos serlo cada vez más.

 

Evaluemos a las familias, que son quizá el núcleo a través del cual las personas en formación adquieren parte de sus conocimientos y de sus posiciones ante la vida. Y evaluemos a la sociedad, empezando por la calidad de los políticos y de los medios de comunicación. Analicemos los modelos que sirven de base para forjar la naturaleza de los jóvenes españoles.

 

Cuando se hayan evaluado todas esas cosas, dediquemos un ratito a mejorar eso que se llama la educación colectiva y muchísimo más tiempo a desarrollar una buena educación individual. De qué les sirve a todos los líderes políticos españoles haber memorizado hace cincuenta años que Platero era peludo y suave si luego son incapaces de dar respuestas a los problemas de nuestro tiempo.

 

En Conversación con una Momia, Edgar Allan Poe ironiza sobre cómo un grupo de notables del XIX son puestos en evidencia por una momia milenaria, recién despertada, que parece demostrar que, varios siglos después, el ser humano apenas ha aportado nada. Hasta que uno de los contertulios saca a escena las píldoras de Brandreth, un purgante que sacó de apuros a muchos, del que la momia no ha oído hablar, pero que la deja sin argumentos. Y todo porque, parece ser, en el Antiguo Egipto no había problemas de estreñimiento.

 

 

19/11/2010 Sexo y muerte dulce (Iñaki Garay - director Expansion)

 

Al paso que vamos, muy pronto los políticos instalarán en sus sedes teléfonos calientes, desde donde al tiempo que te anunciarán la ampliación de la acera de tu calle te preguntarán, como queriendo insinuar algo, qué llevas puesto.

 

Te aconsejo que no contestes, porque te freirán a impuestos hasta que te lo quites. Y te prometeran cualquier cosa que te haga hervir la sangre con tal de seguir sintiendo eso que se llama la erótica del poder.

 

En esta última campaña a las elecciones catalanas hemos visto que ya se acabó el amor y la imaginación y sólo queda el aquí te pillo y aquí te mato, con tal de que me regales tu voto. No será el de castidad. Estamos asistiendo al vil emputecimiento de la política, como si se tratara de un vulgar programa de telerealidad, en el que los productores empujan a los concursantes a enseñar molleja para intentar evitar el descalabro de la audiencia. Viendo a Montserrat Nebrera en toalla, a la chica de las juventudes del PSC arrancándose por soleares y a Laporta intentando pasarnos por la piedra, y todos ellos al mismo nivel que Carmen de Mairena, me he acordado del chiste. ¿Te excita la campaña electoral? Ya lo creo que me excita; me pone de una mala leche...

 

Admito que algunos políticos piensen que a veces los ciudadanos hacemos el friki, pero lo que me enciende es que crean que realmente lo somos. Cualquier ser humano cuando se pone animal puede acabar en la irracionalidad, pero espero que ésta no nos lleve a pensar que en la política vale todo menos las ideas. O lo que es peor, que acabemos pensando que todos son iguales y que, por tando, es lo mismo votar al que más hace el tonto.

 

Pero hay otras estrategias electorales que son también realmente fingidas. Me refiero a las 26 leyes que el Gobierno ha anunciado que va a lanzar en los próximos seis meses. No estoy seguro si en el sexo es igual, pero en política no es la cantidad lo que importa sino la calidad.

 

Me conformaría con que de aquí al final de legislatura sacaran no más de dos o tres leyes de las que sientan las bases de la recuperación y que afectan directamente al bienestar de la gente. Pero me temo que lo que nos van a ofrecer es un ciento de las que aportan bronca y desconcierto. Sería triste pensar que, ante la falta de talento, lo único que se le ocurre al Gobierno es lanzar el trapo de la eutanasia, el aborto, la religión o cualquier otro tema que despierte la vehemencia en aqeullos sectores más pasionales. Espero que nadie caiga en la trampa. Que nadie tenga la tentación de apartar la vista de lo importante. De lo que realmente nos da la vida.

 

Julio Cesar Vidal14/07/2010 : Victoria…

 

(Hoy concluyo mi primera temporada en esRadio. Como siempre Federico ha sido el mejor. Me siento extraordinariamente feliz por lo que ha sido un inicio mejor de lo que esperábamos incluso los más optimistas. Ha sido una victoria sin endeudarnos y contando sólo con el talento y el esfuerzo de los comunicadores y los trabajadores de la casa. Incluyo mi último editorial de la temporada. Dios mediante, nos reencontraremos en septiembre cuando, una vez más, como decía Oliver Cromwell, elevaremos nuestras oraciones al Señor y mantendremos seca la pólvora).

 

Cuenta la Historia que, a mediados del s. I, un cautivo estaba esperando la ejecución en las cárceles del emperador romano Nerón. Lejos de sentirse inquieto por el trágico destino que le aguardaba, el recluso comenzó a redactar una serie de cartas en griego dirigidas a amigos y colaboradores. Precisamente en la última de ellas, al recapitular su vida de las últimas décadas, el preso escribió: “Ton agona ton kalón egónismai, ton drómon tetéleka, ten pístin tetéreka”, lo que podría traducirse como “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe." Lejos de llevarse invadir por el pesimismo, el condenado a muerte manifestaba en sus palabras una inmensa alegría. Su vida no había resultado anodina ni inútil. No había perdido en ella el tiempo ni tampoco había desperdiciado los años. Por el contrario, se había entregado en cuerpo y alma a la fe que sostenía de todo corazón y ahora, en el umbral de la muerte, a pesar de los errores y de las carencias, podía realizar un balance positivo de su existencia e incluso esperar una recepción gloriosa en el más allá. Dios quiera concedernos a todos que, de la misma manera, al final de cada una de las etapas de nuestra y, por supuesto, en la conclusión definitiva, podamos decir con sincero corazón que el combate que libramos fue el bueno, que llegamos a las metas que deseábamos alcanzar y que no perdimos la fe en el intento. Por cierto, el preso de las cárceles neronianas se llamaba Pablo de Tarso.

Hoy es el último programa de Es la noche de César que realizaré en el curso de la presente temporada. Sin intención de agotar el tema, los hechos son los siguientes:

1. El año pasado, al anunciar la cadena COPE la decisión de echar a su más brillante comunicador Federico Jiménez Losantos, rechacé la posibilidad de permanecer en ese medio por coherencia moral, por lealtad personal y por decencia humana.

2. Fue así como inicié junto a Federico Jiménez Losantos y Luis Herrero la aventura de Es. Radio, una radio independiente y veraz con voluntad de informar y entretener en la lucha por la libertad.

3. En el curso de este año, los resultados obtenidos por Es. Radio a pesar de su modestia de medios sólo pueden ser calificados como espectaculares. Mientras que Federico Jiménez Losantos conseguía que la parte televisada de su tertulia se convirtiera en la tertulia televisada más vista por los españoles por las mañanas, Es la noche de César, en TDT, superaba el millón de telespectadores.

4. En paralelo, los programas que habíamos dirigido hasta entonces en COPE se desplomaban. Así, la Linterna perdía más del 50% de su audiencia y La Mañana perdía más del 45% de su audiencia protagonizando el mayor desplome de la historia de la radio española.

5. Puestos al trabajo, a lo largo de esta temporada, desde estos micrófonos hemos defendido la cultura de la vida frente a los embates de la cultura de la muerte dispuesta a desproteger de sus derechos al nasciturus o a legalizar la eutanasia.

6. Desde estos micrófonos, hemos defendido a las víctimas del terrorismo exigiendo memoria, dignidad y justicia a un gobierno no sólo dispuesto a pactar con los terroristas sino empeñado a obstruir la acción de la justicia en el caso Faisán.

7. Desde estos micrófonos, hemos defendido el derecho de los padres a educar a sus hijos en la lengua oficial del Estado y en general a todos aquellos que sufren día a día el gobierno opresor de los nacionalistas porque creemos en una nación de ciudadanos libres e iguales.

8. Desde estos micrófonos, no hemos dejado de buscar la verdad sobre el 11-M a pesar de todos aquellos que han pretendido cerrar el camino a la justicia propalando una falaz versión oficial.

9. Desde estos micrófonos hemos defendido continuamente a la familia frente a los ataques continuados de la ideología del género y de los intereses del lobby gay que, últimamente, ha conseguido que llegue a sancionarse a medios de comunicación no complacientes.

10. Desde estos micrófonos, hemos defendido de forma incansable la unidad de España como nación de ciudadanos libres e iguales frente a la codicia desmedida de los nacionalistas y a la traición de las fuerzas que colaboran con ellos.

11. Desde estos micrófonos, hemos intentado se ha tratado de acercar la información y la cultura a los ciudadanos.

12. No ha sido una tarea solitaria. Tampoco puede atribuírseme a mi el mérito de su éxito. Corresponde también a mi subdirector Mariano Alonso y a los redactores Lucía Prieto, Lorenzo Ramírez, Silvia Riveiro, Francisco Martín, Luis Fernando Quintero, Natalia Acosta, Alba Garavito y Gema Lizcano; al productor Asier Rivera; a la labor en Internet de Gala Kalinnikova; a la realización de Isaac Vizcaíno, Pedro Pablo Lendínez y Lourdes Belén Millán; al contacto que con oyentes y telespectadores establece Miquel Roselló; al sonido de Diego Cardeña; a la iluminación de Pilar Fernández; a la edición de Óscar Sanz, María Jesús Navarro, Juan Manuel Bonaque e Iván Martínez; al grafismo de José Gallardo; al trabajo de documentación de Felipe Couselo; al trabajo en mezclas y cámaras de Guiomar Domenech; Raúl Delgado, Borja Suárez, Laura Fermosel, Sonia Barajas, Elena Elguezábal y Alejandro González; y a la labor en maquillaje y vestuario de Rita Ruiz, Marta Calatayud y Eva Sánchez. Sin ellos, nunca hubiéramos podido emitir un solo programa a lo largo de esta temporada.

13. También debo agradecer a los centenares de miles de oyentes y millones de espectadores su fidelidad cotidiana e inquebrantable y su afecto continuo y sugestivo manifestados también a través de Internet y de instrumentos como Facebook y

14. Finalmente, debo dar las gracias a Dios que nos ha dado generosamente Su amor, fuerza y alegría para llevar a cabo esta labor sin perder el ánimo ni el buen humor.

Hoy es el último programa de Es la noche de César por esta temporada en la que, modestamente y parodiando las palabras de Pablo de Tarso, hemos peleado la buena batalla, hemos acabado la carrera y hemos conservado la fe. A partir de mañana, se encargará Mariano Alonso de mantenerlos informados y entretenidos. Sin embargo, nuestra separación será breve. El 6 de septiembre a las 6, Federico Jiménez Losantos reanudará su nueva temporada y Luis Herrero por la tarde y un servidor de ustedes por la noche estaremos secundándolo. En mi – lo saben ustedes - seguirán teniendo un amigo. Disfruten de nuestro programa de esta noche y hasta nuestro reencuentro que Dios los bendiga.

 

 

Julio Cesar Vidal10/06/2010 De Antisemitismo y Enigmas

 

La noticia de que un grupo de energúmenos asaltó a un empresario israelí en la Universidad autónoma de Madrid tras una manifestación de marcado carácter antisemita es una de las noticias más sobrecogedoras de los últimos tiempos. Reproduzco a continuación el editorial que le dediqué el martes 8 de junio.

Cuenta la Historia que el 25 de abril de 1933, se promulgó en Alemania la denominada ley contra el hacinamiento en las escuelas y universidades. Con esa excusa, la nueva norma pretendía reducir a tan sólo un quince por ciento de los alumnos el número de judíos en entidades educativas alemanas. Sin embargo, las tribulaciones de los estudiantes judíos no acabaron con la inicua ley sino que, de hecho, comenzaron. En el curso de los meses siguientes, fueron comunes las escenas de violencia que contra los judíos que pisaban la universidad protagonizaron los estudiantes que pretendían el progreso de Alemania y del nacional-socialismo. Fue la suya una brutalidad ideológica que no encontró problemas para desarrollarse ya que las autoridades académicas no la impidieron, ya que la policía no intervino protegiendo a los judíos y ya que los estudiantes rara vez salieron en defensa de los judíos. De esa manera, en una Alemania donde los Premios Nobel se apresuraba a brindar su apoyo al nacional-socialismo, las escuelas y las universidades se convirtieron en alcantarillas de la indecencia y la maldad propias del antisemitismo.

Ayer se produjo en España un episodio antisemita de enorme gravedad. Sin intención de agotar el tema, los hechos son los siguientes:

1. Antes del lunes, diversos profesores y alumnos universitarios pasaron invitaciones para una manifestación antisemita que tendría lugar en el campus de la UAM. La excusa sería la celebración de unas jornadas hispano-israelíes relacionadas con las energías.

2. A las nueve de la mañana de ayer, desde la estación de tren un centenar de activistas se dirigió al rectorado de la UAM gritando consignas como “¡Israel Asesino, Israel Asesino!”, “¡Intifada, Intifada!” e “¡Israel asesina, la UAM patrocina!”.

3. De los activistas, una parte eran estudiantes de la Autónoma, otros de la Complutense, alguno de la Carlos III y un buen número ni siquiera eran estudiantes.

4. Aunque la manifestación no está autorizada, un guardia de seguridad señaló que iban a hacer lo que les saliera de las narices porque aquí con los alumnos se tiene mucha manga ancha.

5. La comitiva antisemita pasó delante del Rectorado y se dirigió calle abajo ocupando los dos carriles de tráfico en dirección al Edificio C, cerca de la Facultad de Ciencias, donde, según creían los manifestantes antisemitas, iban a celebrarse las jornadas.

6. Al llegar al edificio, los manifestantes antisemitas se encontraron con un coche de la policía municipal que no intervino.

7. Uno de los manifestantes arrancó con rabia un cartel que anunció el encuentro hispano-israelí y lo tiró satisfecho en la papelera, mientras una compañera le jaleaba diciendo: “muy bien, ¡que se jodan!”.

8. Acto seguido, los manifestantes antisemitas ocuparon la sala mientras una pareja de mujeres árabes –una con velo y la otra a pelo descubierto – acompañadas de un árabe colgaban dos banderas de Palestina y una pancarta del estrado.

9. Tras unos minutos de confusión, la mujer árabe sin pañuelo comentó por el micrófono del salón una “iniciativa ciudadana” para denunciar al Estado de Israel y pidió las firmas de los asistentes.

10. Ante la falta de respuesta de los presentes, dos minutos después, uno de los dos cabecillas de la manifestación antisemita, echó mano del micrófono y lanzó una perorata.

11. Cuando el cabecilla antisemita estaba pronunciando su discurso, se acercó alguien para susurrarle al oído que las Jornadas estaban teniendo lugar en otro sitio, concretamente, en el llamado Parque Científico de la Universidad. De esa manera, los manifestantes antisemitas reanudaron la marcha gritando al unísono “¡Intifada, Intifada, Intifada!”.

12. Los manifestantes antisemitas llegaron finalmente al Parque científico de Madrid donde entraron ante la pasividad del guarda jurado que, según sus palabras, no se quería “meter en líos, y menos con esta gente”.

13. A pesar de ser informado de que el embajador de Israel había suprimido su asistencia, el segundo jefe de los antisemitas, un joven muy alterado pasó al otro lado de la recepción y trató de alcanzar la caja de cartón donde estaban las acreditaciones. Al impedírselo, una de las organizadoras del acto, el joven antisemita echó mano de un folleto anunciador del evento hispano-israelí y comenzó a gritar: “¡estas jornadas no se pueden celebrar, es colaboracionismo con los asesinos!”.

14. Mientras la organizadora del acto, escondía el resto de folletos para evitar que los manifestantes antisemitas los destruyeran, éstos encontraban la sala donde se celebraba el acto.

15. Con ayuda de una llave, uno de los antisemitas desgarró la banderola donde se celebraba el encuentro mientras otro la sujetaba para que la llave se hundiera exactamente donde pone la palabra “israelí”.

16. Uno de los asistentes Eliezer Manor, hombre de negocios israelí, salió del edificio maletín en mano acompañado de un compatriota. Al dirigirse a él, una de las organizadoras en hebreo, los manifestantes antisemitas empezaron a increparlos.

17. Las dos dotaciones de policía que había en el exterior se negaron a intervenir alegando que “esto es un espacio privado” y “Para poder hacer algo tiene que autorizarlo el Rector y todavía no se ha autorizado nada”.

18. Finalmente, los agentes metieron a los dos israelíes en un coche para protegerlos de la ira ya desatada de los manifestantes. Entonces, los manifestantes antisemitas volcaron su odio sobre el coche zarandeándolo, rompiendo botes de pintura en los cristales, dándole patadas y abriendo el maletero y las puertas.

19. Tras diez minutos de sufrir la violencia de los antisemitas, el coche de la policía consiguió zafarse y dirigirse hacia Madrid.

20. Acto seguido, los manifestantes antisemitas se dirigieron hacia el rectorado, pero allí se encontraron con cuatro coches patrulla y una furgoneta. Dando muestra entonces de su cobardía proverbial, los antisemitas se disolvieron y

21. Tras dos horas y media de dar muestras de un antisemitismo repugnante, los manifestantes se retiraron. Uno de ellos afirmaría: “Yo no me considero antisistema pero si nos criminalizan hay que defenderse, que es lo que hemos hecho hoy”.

Hace apenas unas horas, profesores universitarios y distintas entidades convocaron una concentración antisemita en la UAM.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso.

El rectorado – con José María Sanz Martínez a la cabeza - no movió un dedo para impedir lo sucedido.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso.

La policía no intervino para impedir la violencia ni reprimir a los agresores antisemitas.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso

Un grupo de manifestantes atacó a los judíos insultándolos y culpándolos de todo.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso

Se cumplió el vergonzoso y criminal acto multisecular de perseguir, insultar y perpetrar la violencia contra los judíos.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso

La universidad española demostró por enésima vez que se ha desplomado académicamente para convertirse en una alcantarilla donde anidan los peores comportamientos impulsados por ideología que pretenden, como antaño el nacional-socialismo alemán, representar el progreso.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso.

Tras perpetrar la violencia, los manifestantes encima afirmaban que se habían limitado a defenderse.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso.

Ni uno solo de los estudiantes de la UAM, a pesar de tomar fotos de lo que sucedía, movió un solo dedo para impedirlo.

Sin duda, Hitler se habría sentido orgulloso.

Y es que, a fin de cuentas, con su lenguaje de izquierdas, con sus velos islámicos, con sus consignas propias de la guerra fría, con sus gestos progres, con todo ello, los manifestantes de ayer se comportaron como verdaderos hijos de Hitler, hijos de los que, sin duda, Hitler se habría sentido satisfecho porque habían logrado someter a la policía, a los estudiantes y a las autoridades universitarias a una manifestación del más rancio y repugnante antisemitismo sin que nadie moviera un dedo para evitarlo.

 

 

30/11/2008 Al borde de un ataque de nervios (De la Rica)

 

Zapatero es un caso perdido. Siento ponerme tan radical, pero no le veo remedio. Nos va a traer la ruina. Ya no se puede decir que no hace nada; al revés, ahora hay que pedirle por favor que no haga nada más.

 

Sé que parece una locura, sé que suena a catastrófico, sé lo que significa de parón y de gasto, pero lo único que ya me parece sensato es pedir elecciones; tener la posibilidad de elegir a una persona que sepa, quiera y tenga el mandato de enfrentarse a esta crisis. Con Zapatero no salimos de este agujero ni con cien planes ni con mil medidas.

 

Zapatero es hoy como un niño a punto de un estallido de histeria. Estaba entretenido con un gran castillo de arena que le habían construido sus mayores; pero ha venido una ola y se lo ha llevado entero. Su cara lo dice todo: se debate entre romper a reír o ponerse a llorar. Está más que desconcertado. Está al borde de un ataque de nervios.

 

Zapatero tiene dos problemas sin solución. Uno es personal y otro es político. El personal es que no es capaz de analizar correctamente ninguna realidad porque padece del síndrome del optimismo natural desorbitado. Hace unos días, le escuché en directo –en la entrega de los Premios Internacionales de Periodismo del El Mundo– mostrarse plenamente satisfecho con el nivel alcanzado por la democracia española.

 

Tan orgulloso está con nuestro torpe, anquilosado y endogámico sistema político que lo equiparó con el americano, ese mismo que acaba de demostrar que es capaz de crear en menos de quince meses un líder que une a todo un país frente a la crisis. Su optimismo no le dejó ver como a los doscientos presentes se nos ponían los pelos de punta, pero es que los optimistas patológicos lo saben todo, no necesitan mirar ni escuchar.

 

Ese mismo optimismo le impide atisbar la profundidad de la crisis económica; no le deja aceptar que esta situación tiene causas que revelan nuestras vergüenzas y que requiere un esfuerzo descomunal y doloroso para todos, también para los más desfavorecidos.

 

Su optimismo no le deja entender que no tiene –porque no existe– una fórmula mágica para sacar indemnes de esta crisis a las personas que a él –y a todos– nos gustaría que se libraran del daño. No comprende que no se trata de dejarse los pulmones inflando un globo pinchado sino de parchear los agujeros y, por encima de todo, cambiar de globo.

 

Siempre dudo si su optimismo proviene de un idealismo cósmico inasequible al desaliento o es una manifestación más del mismo resentimiento enquistado que tiene con esa media España a la que descalifica como conservadora. Pero estando donde estamos, ya da igual: el problema es su enfermizo optimismo, no la causa. Y lo peor es que ese optimismo nunca le dejará ver la imposibilidad metafísica de que una persona como él pueda liderar una pelea como esta.

 

El segundo problema es político. Zapatero no tiene, no se ha ganado, la autoridad para ser el presidente que haga frente a la crisis. Ganó las elecciones con la bandera de la “no crisis”. Nunca me atrevo a interpretar las razones de ningún votante, pero es evidente que él negó la crisis hasta mucho después de ganar las elecciones. Nadie que le creyera pudo votarle para que gestionara la crisis. No era una opción pues con él no había crisis.

 

Pero además a lo largo de su presidencia ha perdido cualquier posibilidad de liderar este esfuerzo colectivo. Nunca ha pretendido ser el presidente de todos los españoles. Al contrario, siempre ha dado la impresión de disfrutar pisoteando conceptos y sentimientos sagrados para muchos españoles, ya fuera aprobando leyes para hurgar en recuerdos históricos que esa gente pretende olvidar, ya fuera cuando se empecinó en llamar matrimonio a la unión de dos homosexuales o dispuso revisar la ley del aborto sin más necesidad que distraer la atención política.

 

Sin autoridad ni liderazgo, si España fuera una democracia sana, Zapatero daría por cerrada esta legislatura mal parida y daría la oportunidad a los españoles de elegir a quien crean más adecuado para liderar la lucha contra la crisis. Y cuanto antes, menos daño causará.

 

Las cuentas del Gran Capitán

 

Mientras tanto lo que hay es otro plan anticrisis que se incorporará a los presupuestos del 2009. Siempre me ha intrigado cómo esta gente hacen sus estimaciones y sus cuentas y siempre me ha sorprendido que se acepten sin rechistar. Según el plan, 8.000 millones de euros invertidos en mejorar emplazamientos municipales crearán 200.000 empleos, que, comparados con los que se están perdiendo, no son gran cosa. Aún así, me encantaría saber cómo concluyen que serán 200.000 y no el doble o la mitad.

 

Pero si queremos avanzar no tenemos más remedio que dar por buena la cifra estimada. Así, cada uno de estos empleos requiere 40.000 euros pero, por otro lado, el plan destina 3.000 millones a cuestiones diversas que asegura que crearán 100.000 empleos. Éstos salen a 30.000 euros cada uno. La pregunta es obvia: ¿por qué no dedicar los 11.000 millones a esas cuestiones diversas que crean un empleo con 10.000 euros menos que las obras municipales nuevas? Al mismo precio, se conseguirían 66.667 empleos más.

 

Supongo yo que el Gobierno pretende con este plan matar dos o tres pájaros de un tiro. Por un lado, aprovecha compromisos presupuestarios previos con la administración local y aunque ni siquiera intenta arreglar la precaria situación financiera de muchos municipios, insuflando dinero por esta vía pretende crear una ilusión de sanidad financiera municipal.

 

Pero los datos son los que son: el 31 de diciembre de 2007 las corporaciones locales debían 44.793 millones de euros, de los que 18.066 millones eran deuda con proveedores (cifras del Banco de España). Meter ahora 8.000 millones para contratar “obra de nueva planificación y ejecución inmediata” no deja de ser un sarcasmo para los acreedores eternos de los ayuntamientos.

 

Sería oportuno que alguien calculara –aunque sea con la misma frivolidad– las empresas que quiebran y los empleos que se pierden por la mala costumbre municipal de pagar muy tarde y muy mal a sus proveedores.

 

La decisión del Gobierno es que 8,3 de cada 10 euros del nuevo plan se destinan a nueva obra pública municipal. Hagamos como hacen los profesores en la Universidad. Supongamos que los 8,3 euros no van a tapar los profundos agujeros presentes; supongamos que no acabarán en las cloacas de los partidos políticos; supongamos que no se convertirán en blindaje de ‘audis’, ni se zamparán en mariscadas “por razones de trabajo” ni se soplarán en fiestas particulares de concejales corruptos; supongamos que serán repartidos con criterios objetivos sin ánimo de facilitar la vida a los alcaldes socialistas; supongamos que se destinan a inversiones nuevas e inmediatas; supongamos que los ayuntamientos pagan en plazos razonables; y supongamos que crean, mientras duran las obras, los numerosos empleos temporales que el plan se propone crear. Suponemos todo eso, y después qué queda.

 

Quedarán unos equipamientos municipales renovados que, seguramente, no podrán mantenerse en condiciones porque la empresa que lo hacía habrá quebrado por no cobrar. Después también habremos gastado 8.000 millones de euros en prender un gran fósforo con la mecha mojada y habremos aumentado nuestro déficit público en 8.000 millones de euros que -no conviene olvidar- habrá que pagar. Una tarde en el Congreso que nos costará casi el 1 por ciento del PIB.

 

Amplitud de miras

 

Al mismo tiempo que Zapatero nos presenta este bodrio municipal, lo que se discute en Europa es cómo utilizar la política fiscal para reactivar la economía. Echada al mar la llave de la política monetaria, a los gobiernos les queda manejar los ingresos y los gastos públicos para controlar la cantidad de dinero en manos de particulares y empresas. O sea, la política fiscal. Y, sobre todo, les queda la capacidad normativa para fijar los grandes objetivos estratégicos y configurar estructuras y mercados en los que la competencia saque el máximo provecho de los recursos disponibles.

 

Los ingleses han optando por bajar el IVA para incentivar el consumo, dejar que los particulares tengan más dinero para gastar. Pero en el continente son escépticos porque piensan que, en este momento, un euro extra en manos de cualquier particular se destinará a reducir deuda o a ahorrar, comportamientos ambos muy racionales pero que no reactivan la economía. Según esta opinión, no es el momento de bajar los impuestos. Bastante ha descendido la recaudación con la caída de la actividad.

 

En política fiscal queda aumentar el gasto público, pero hay que hacerlo también de manera racional, buscando encender mechas secas que provoquen la creación de empresas que siempre ha sido, es y será la manera más eficaz de crear empleo sostenido en el tiempo. No se trata de levantar autopistas de ocho carriles entre Soria y Palencia ni de que el Ayuntamiento de Madrid renueve otra vez las dependencias del Palacio de Comunicaciones.

 

Desde mi punto de vista es el momento de utilizar la política fiscal pero ampliando el horizonte temporal. Hay que entender que esta crisis no es “un mal de las vacas locas” que nos han contagiado desde América; sino un crack del modelo de crecimiento que requiere una revisión profunda de los cimientos, las estructuras y los mercados.

 

Hay que encender mechas secas que reactiven la economía pero con objetivos ambiciosos, que sustituyan al mercado inmobiliario y al turismo barato como motores del crecimiento económico. Además, estoy convencido de que actuando con visión a medio plazo resolveremos los problemas inmediatos.

 

La concreción de todo esto está encima de todas las mesas, pero no acabamos de tener una clase política que coja el toro por los cuernos. Por ejemplo, ni Gobierno ni Oposición tienen un plan para acabar con nuestra dependencia energética, que es posible y que crearía toda una nueva economía.

 

No debería preocuparnos quien se quede con Repsol porque deberíamos estar ya subidos a vehículos eléctricos, deberíamos estar tejiendo la “internet” eléctrica, esa inmensa red en la que cada casa familiar, cada comunidad de vecinos, cada oficina y cada farola se autoabastecen de energía y vuelcan en la red la que les sobra.

 

No tenemos petróleo, que produce una energía sucia que se agota, pero tenemos sol, viento, el mar y toneladas de basura. Tenemos las materias primas de las energías renovables y limpias. Este objetivo requiere mucho investigar, mucho invertir y mucho trabajo; pero con 11.000 millones de euros sobra para empezar.