Javier Nart 
Javier Nart Peñalver (n. Laredo, Cantabria; 1947) es un abogado, ex político, ex corresponsal de guerra y escritor español, contertulio en numerosos programas de radio y televisión.

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09/11/2011   Imbéciles y paganos

Decididamente, nuestros dirigentes han perdido el rumbo. Estamos en manos de pusilánimes, incompetentes o inmorales.

Contemplando el panorama que padecemos, no me cabe otra opinión: durante más de un decenio nuestros Gobiernos (primero el popular y después el socialista) se contemplaron el ombligo considerando que España vivía y progresaba en una bonanza imparable y sólida.

Permitieron que la deuda pública y privada alcanzara niveles estratosféricos y que la banca se beneficiara del suicida negocio de adquirir dinero barato en el exterior para venderlo caro en el interior. Pensaban que esa economía piramidal no tendría fin. Y cerramos los ojos ante una masiva inmigración que únicamente beneficiaba a la economía especulativa del ladrillo... y que ahora engrosa las cifras del paro.

Era más barato importar sangre joven que la maternidad de las españolas (la bomba social estaba servida). Esa misma banca nos obsequia ahora con ejemplares escándalos no ya de incompetencia sublime, de quiebras públicas unas y encubiertas otras, sino con la obscena retribución, primero, de bonus inexistentes ("contabilidad creativa", le llamaban) y luego con jubilaciones cinco estrellas a quienes únicamente merecían demandas por responsabilidad social.

Y nuestro Gobierno, progresista y de izquierdas, según se autodefine, haciendo de Don Tancredo. Porque al verdadero poder, ya se sabe, no se le toca ni un pelo, por muy socialista que se proclame el presidente.

Y ahora Europa nos produce el esperpento de que quien dirige nuestras finanzas, el Banco Central Europeo, el excelentísimo signore Draghi (que justamente atornilla a los irresponsables griegos) es el mismo, sí, el mismo, que maquilló las falsas cuentas helénicas cuando dirigía el banco norteamericano Goldman Sachs.

El dueño del burdel predicando castidad.

Y Zapatero, en ignorado paradero. Y Rubalcaba, prometiendo lo que nunca pudo o quiso hacer.

Y todos nosotros, con cara de imbéciles. Pero, eso sí, pagando.

26/10/2011   ¿Viva el Rey?

El príncipe consorte Iñaki Urdangarín está envuelto desde hace unos meses en un jardín judicial harto complicado.

Érase que se era que el Instituto Nóos del señor Urdangarín contrató por la exigua suma de casi 5 millones de euros (¡qué menos!) sendos eventos culturales con los Gobiernos populares de las comunidades de Baleares y Valencia. Se trataba de congresos sobre turismo y deporte, así lo presentaba el Instituto Nóos, que darían amplia dimensión internacional a las ciudades de Palma y Valencia.

Los congresos terminaron convertidos en gigantescos elefantes blancos y los fabulosos resultados fueron más metafísicos que físicos. Del "estrellato internacional" pretendido ni se supo, ni se sabe, ni se espera.

También el exconsorte Marichalar resultó, tiempo ha, nombrado y renombrado para presidencias tan honorarias como bien retribuidas de instituciones de todo tipo.

La cuestión aquí no es tanto el buen hacer, el mal hacer o el no hacer, sino la que entiendo evidente y necesaria incompatibilidad entre percibir retribución de la Casa Real por su pertenencia a ella y las actividades económicas personales, por muy personales que pretendan ser.

Porque resulta que en ocasiones la causalidad se une a la casualidad convirtiéndose en una unidad indisoluble. La separación del señor Marichalar no sólo fue matrimonial sino patrimonial? en atención a tantos organismos que se olvidaron de él cuando su persona dejó de tener la relevancia pública que había ostentado.

¿Y los congresos lo fueron por las virtudes del consorte?

En este país hemos dejado de sacralizar lo que nunca debió serlo: la Iglesia, el Ejército, la Judicatura, el Gobierno? pero seguimos teniendo una bobalicona reserva sobre la Monarquía.

Desde mi republicanismo sentimental, mantengo que la Corona ha dado y da servicios inestimables a nuestro país. Ha sido y es útil. Incluso barata.

Pero eso no significa que en llegando a la puerta de La Zarzuela se nos ponga sonrisa de cortesano.

28/09/2011     La España de nadie

Albert Boadella define con ironía el nacionalismo como equiparable a los pedos: "Sólo nos gustan los propios". Sigamos.

Aquel "invicto caudillo" cometió el pecado de lesa patria al perseguir con idéntica saña a demócratas, rojos, obreros, reivindicantes? y pequeño-burgueses nacionalistas, elevándolos desde la ideología a la categoría.

Como consecuencia del asfixiante nacionalismo centralista, excluyente y analfabeto, la España -nación, la bandera, la patria de todos fue tanto un horror como un error para aquella izquierda infantil de la Transición.

Y, acción pendular, el nacionalismo ¡decimonónico! apareció como el non-plus-ultra de la modernidad, de la integración.

Dimitido el socialismo de su centralidad histórica, estamos hoy en el esperpento de observar cómo pretenden ser tan nacionalistas como el PNV o CIU.

Y mientras caen chuzos de punta sobre todos los españoles, nuestra oligarquía política, manteniendo como horizonte la contemplación de sus ombligos, se tira los trastos a la cabeza en lugar de entender que a pique nos vamos todos.

Nadie ha puesto aún sobre la mesa la necesaria reformulación administrativa (que no constitucional) de un Estado hipertrófico que no podemos pagar. No he escuchado aún una sola voz que explique cual será nuestro proyecto competitivo como país, hundido el falso y obsceno de la especulación que nos ha llevado a donde estamos.

Tampoco nadie plantea cuál va a ser nuestro futuro estratégico, en el que basaremos nuestro éxito como nación, fallecida y putrefacta la inviable tramoya especulativa que nos ha llevado al presente desastre.

Ni se definen las bases de nuestra estructura educativa, más allá de la ocurrencia legislativa de cada Gobierno entrante.

Y así les (nos) va. Unos reivindicando particularidades (que no son sino privilegios atentatorios del principio básico de igualdad). Otros negando el pan y la sal al contrario en pro de réditos electorales.

Y la España de todos resulta la España de nadie

14/09/2011     Hipocresía o esquizofrenia (II)

Hace unos días exponía como nuestra normativa legal determina que los administradores o representantes legales que causan daño a la sociedad o a terceros por delito o mala gestión deben responder de sus actos.

Nada que objetar. Parece plenamente lógico que quien asume responsabilidad en la dirección asuma esa responsabilidad? cuando se produzca.

Pues bien, con la Iglesia -en este caso con la oligarquía- hemos topado. Porque lo que es de implacable e impecable aplicación al común de los mortales? resulta ajeno cuando se trata de nuestra casta política, por imperativo del Artículo 31. bis. 5 del Código Penal que de forma explícita excluye (además de al Estado) a los partidos y sindicatos.

Obscenidad que queda ejemplarizada en el siguiente supuesto (que pertenece ciertamente a la fantasía, que no a la experiencia): imaginen que en la consejería de una comunidad autónoma se financian cursos de formación que nunca existieron. Ni hubo clases, ni profesores, ni alumnos, más allá de su plasmación falsaria en los papeles presentados? pero que se pagaron hasta la última peseta, hasta el último euro.

Sigan imaginando que esos cursos fueron ampliamente denunciados como más que sospechosos por la prensa, radio y televisión, mientras el capitoste máximo político perdía su vista en el horizonte infinito.

O -supuesto también, que no realidad- supongan que en otro lugar se financien despidos a cargo de la Consejería de Trabajo a personas que nunca desempeñaron labores en la empresa afectada y que, casualidades de la vida, pertenezcan al partido gobernante.

Pues bien, en uno y otro caso, si en lugar de ser partido político o sindicato fuera sociedad anónima, habría caído sobre ella la obligación de responder económicamente por los desafueros penales de quienes fueron nombrados por el citado partido para tal cargo.

Pero, ¡¡todo por la democracia!!, el legislador no es memo? y pertenece a un partido político. ¿Y si los ejemplos fueran ciertos?

24/08/2011   Hipocresía o esquizofrenia (I)

Nuestra legislación tanto penal como mercantil señala como responsables a las personas jurídicas (sociedades) que no hayan ejercido debidamente su deber de vigilancia sobre sus directivos que en el ejercicio de su cargo hayan cometido delitos o hubieren perjudicado a terceros por su administración imprudente o negligente.

En caso de delito, el Artículo 31 del Código Penal amplía como responsables penales a la persona jurídica por los ilícitos cometidos en su nombre y en su provecho por sus representantes tanto de hecho como de derecho, ampliándola en el supuesto de que los presuntos delincuentes hubieran podido realizar desmanes gracias a la falta del "debido control" de la entidad para la que trabajaban.

Y en idéntica lógica, en caso de perjuicio no delictivo no solo la sociedad que actuó sino los propios Administradores que decidieron responderán ante los acreedores sociales y los socios por los daños económicos que hayan podido causar por sus decisiones negligentes o notoriamente imprudentes. Véanse los Artículos 133 y siguientes de la Ley de Sociedades Anónimas.

Responsabilidad civil que es incluso solidaria para los miembros de ese consejo de administración que absteniéndose o no firmando los acuerdos lesivos no hubieren actuado diligentemente para impedir la lesión. De este modo, no sólo la acción sino también la pasividad se sanciona con la asignación de responsabilidad civil.

En román paladino quiere ello decir que si el director de un banco delinque en el ejercicio de su cargo y la entidad, por falta de atención debida, no hubiera impedido el delito, entraría de pleno en la responsabilidad penal antedicha. Y también el consejero, en este caso responsabilidad civil, que no se hubiera activamente opuesto a decisiones disparatadas que provoquen perjuicio para la sociedad o para terceros.

Inobjetable: quien decide (en delito o negligencia) no puede ser ajeno al daño que crea. Otra cosa es la praxis.

Continuará.

10/08/2011  Palestina / Euzkadi

Cuando Slomo Ben Ali era embajador de Israel, me facilitó entrevistas con militares del más alto rango del Tsahal, que me expusieron, con impecable precisión, los límites del poder hegemónico de su ejército, la necesidad de una solución estratégica a una victoria que envenenaba y debilitaba el estado sionista: no podemos mantener la ocupación en Palestina, que es esencialmente contradictoria con el espíritu democrático de nuestra sociedad.

Y la demografía árabe nos produce el mismo dilema que sufrió Sudáfrica: segregar (un imposible ético) o integrar (Israel sería el Estado palestino).

La cuestión es, como siempre, cuándo se pasa de la poesía a la prosa.

Así, cuando Slomo Ben Ami fue nombrado primer ministro de Exteriores y después ministro de Seguridad en el Gobierno ¿socialista? de Ehud Barack, se imposibilitó el proceso de Paz de Oslo, duplicando el número de colonos en los territorios ocupados. Cuestión definida en la Convención de Ginebra y en el Código Penal español como crimen de guerra? aunque para todos los gobiernos israelíes la legalidad internacional sea cuestión opinable y negociable.

Pues bien, con Slomo Ben Ami la paz no sólo no avanzó, sino que se colapsó. Y ése es quien ahora se presenta como resolutor o mediador en lo que nunca puede definirse de la misma manera: la negociación con la banda etarra.

Siempre he defendido el legítimo derecho a la autodefensa, a la resistencia contra la ocupación (con la misma fuerza que he denunciado el terrorismo palestino tan criminal como contraproducente). Pero es excesivo ver tal mediador con un grupo terrorista cuyo fundamental argumento es la muerte y el miedo, inadmisible en una sociedad democrática donde las ideas pueden defenderse no con el 9 mm parabelum, sino con los votos.

Aunque no me guste nada la opción Bildu.

El señor Ben Ami en las negociaciones con ETA viene a ser como poner al frente de un hospital a quien fue incapaz de recetar aspirina para un dolor de cabeza.

27/07/2011   La lógica del embudo

Nuestra ensimismada oligarquía política sigue en lo suyo: pensar y actuar como si la única realidad social fuera la de la contradicción frente al otro? sin plantearse siquiera (más allá de declaraciones retóricas) que el real referente, que el paisaje estratégico de fondo, es el más que harto pueblo español.

Agotado ya el vía crucis del expresidente de la Generalidad Valenciana, Francisco Camps, la esquizofrenia moral vuelve a presidir las declaraciones de los responsables políticos.

El PSOE saca pecho como si esa forzada dimisión fuera fruto de sus esfuerzos? y no del trabajo de los jueces. Exigencia evidente ante la impresentabilidad de un presidente autonómico sentado en el banquillo frente al Tribunal del jurado. Pero, más inquietante, imputado y cabeza de lista que dio la mayor victoria al Partido Popular en la Comunidad Valenciana, donde el triunfante partido socialista está reducido a la pura anécdota.

Un PSOE que conjuga sin rubor la exigencia al ajeno con la ausencia respecto al propio.

Así, el obsceno escándalo de los ERE en Andalucía no merece al vicepresidente español Chaves o al presidente andaluz, Griñán, ni un comentario. Y se mantiene como director de la Policía en el País vasco a un imputado en el gravísimo Caso Faisán, mientras otro sigue como Secretario de Organización del PSOE en Álava.

Y unos ministros del Interior que, en el peor de los casos, serían responsables penales, y en el mejor, irresponsables políticos por ordenar o no controlar a los altos mandos policiales enfangados en el peor crimen que pueda realizarse en la lucha antiterrorista: dar un soplo a ETA.

Y el renovado candidato socialista a las elecciones, Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien le resulta inocuo que su policía avise a los delincuentes.

Mientras, se producen dimisiones en cadena en Gran Bretaña. No por estar imputados en delito alguno, sino por la elemental coherencia de que quien manda asume políticamente los desmanes o delitos de quienes escogió.

Demasiado para nuestra pretendida regeneración.

13/07/2011   Movimiento inmóvil  

Es una evidencia que el Gobierno de Zapatero es un proyecto muerto y enterrado.

Pues bien, Pérez Rubalcaba se nos presenta ahora como virginal doncella? a pesar de haber sido principalísimo actor de aquella orgía, afirmando con inmensa candidez (o extrema desfachatez) conocer el remedio para nuestra trágica situación. Una situación de la que es directamente responsable. ¿Era o no vicepresidente?

Ahora aparece como radical socialista proponiendo una regeneración del sistema en cuya putrefacción decisivamente participó, el embridamiento de la todopoderosa banca?

Coincido básicamente con su discurso programático? el problema es que, creyendo en las ideas, no me merece credibilidad alguna el ideante.

Porque el mismo partido y persona que ahora plantean la reforma del sistema electoral fueron quienes hace menos de un mes lo vetaron en el Congreso de los Diputados. Y quienes más claman contra el sistema bancario son quienes directamente se beneficiaron de él cancelándose créditos en condiciones inimaginables para el común de los mortales, manteniendo los privilegios a la banca y a las grandes fortunas? y, digámoslo una vez más, siendo co-responsables de la inviable burbuja inmobiliaria, ya que tenían sus representantes en los consejos de administración de las cajas de ahorros.

Si el futuro de España es sombrío, abruma la autocomplacencia de nuestra casta política que cree firmemente que creamos en la cuadratura de su círculo, en su lluvia seca o en la castidad de su lujuria. Cuando el país clama por una gestión decente, por un renacimiento de una democracia secuestrada, los viejos camaleones piensan que basta con el cambio de color. Pero el núcleo del problema son ellos mismos: esos que sin el menor asomo de vergüenza afirman ser los renovadores? tras 20 años ininterrumpidos en el poder.

Ya lo dijo el Príncipe de Lampedusa: si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Lógica-cínica ya inventada por Franco: el Movimiento ? inmóvil.

29/06/2011 Dignos indignos  

Padecemos un doble azote: un terremoto económico que está dejando el país en ruinas? y la ruina que causa nuestra ensimismada casta política cuyo horizonte limita con sus propios intereses.

Sorprende el nivel de ensoberbecida ceguera de nuestra partitocracia, que tras decenios de estructuradísima estructura, asesores, sueldos y dispendios sale ahora con la ocurrencia de exigir a los neonatos indignados un programa preciso, concluido y concluyente de cuál debe ser el camino para sacarnos del desastre? al que nuestros dirigentes nos han llevado.

Es esperpéntica, si no fuera insultante, tanta arrogancia sin asumir su propia responsabilidad más allá de algunos farisaicos golpes de pecho? eso sí, afirmando con indecente realismo que "no hay camino fuera de los partidos". De ellos mismos.

Y ahí sí dicen la verdad. Porque más allá de la retórica de que el derecho de asociación nos permite la creación de cualquier nuevo partido, se encuentra la realidad de que constituirlo es un acto IM-PO-SI-BLE si no se cuenta con un importante apoyo financiero unido a una decisiva ayuda de medios de opinión pública.

Algo de eso sé. Participé de la Transición y conozco cómo se crearon todos los partidos políticos que hoy nos pastorean. Y por qué fracasaron los que no llegaron a contar con las bendiciones de la banca o de la prensa. Algún día, alguien reconocerá que el Partido Socialista tiene en su santoral a un trascendental desconocido? pero mil veces más importante que el mitificado fundador, Pablo Iglesias. Su nombre: Dieter Koniecki (el hombre de los marcos), de quien sólo saben unos pocos? y callan con prudente silencio.

Así que votamos por marcas constituidas y de imposible sustitución. Como ponemos nuestro dinero en los bancos que existen, que no en los que deseamos.

La democracia se ha convertido en un espacio acotado, de límites precisos pero no perceptibles porque se encuentran más allá de nuestro horizonte.

Pero allende nuestra vista, allí están.

15/06/2011 - El ejército y el ridículo  

Parte consustancial de cualquier ejército del mundo es el respeto a sus tradiciones: la bandera es mucho más que un trapo multicolor; el uniforme, más que un útil de trabajo; las condecoraciones, más que metal y cinta. El servicio incluye una disposición de sacrificio por encima de las obligaciones contractuales.

No existe ejército sin espíritu de cuerpo, sin respeto a su historia, sin vinculación a los valores de la unidad a la que se pertenece, a sus gestas del pasado como impulso del presente.

Los militares son funcionarios del Estado. Pero su función tiene un componente diferencial de cualquier otro miembro de la Administración: en su sueldo está el jugarse la vida.

Ningún soldado está dispuesto a morir por la soldada, sino por ese inaprensible que se llama honor, patria, bandera? o el compañero que gime malherido en la trinchera. En España, el ejército no ha sido entendido ni respetado.

Tanto por la derecha, que lo utilizó históricamente como elemento de represión, como por la izquierda, que lo ha convertido en un amorfo en el que la misión humanitaria resulta su único norte.

Un cuarto de siglo como corresponsal de guerra me  demuestra que los militares aborrecen la guerra tanto como yo, precisamente porque la conocen. No se puede degradar a un ejército castrándolo, limitándolo en su capacidad operativa o enviándolo a hacer un ridículo? políticamente correcto.

Y ridículo lo hacemos en la operación Atalanta, donde nuestra marina desarma piratas para devolverlos a sus casas (donde se rearman y nos agradecen el viaje) o en Libia, donde nuestra aviación patrulla unos cielos? en los que no existen aviones enemigos. Pilotos de alta cualificación que contemplan avergonzados cómo sus compañeros de coalición acuden al combate mientras ellos despegan en vacuas misiones. Pero allí y a eso los ha enviado la ínclita ministra Chacón, de desconocidos méritos más allá de su lloro contenido por descandidatarse como la candidata que nunca fue.

01/06/2011   Fraude, más que desastre  

Llevamos casi un decenio embarcados en ocurrencias y naderías zapatéticas, gestionando la metafísica con la mirada puesta no en la utopía, sino en Babia. Confundiendo la izquierda con el populismo. Dividiendo, que no uniendo.

Y, sobre todo, envolviendo una gestión económica indistinguible del aznarato con desplantes y retórica a modo de capote o engaño para llevarse el toro (el pueblo español) a tablas.

Vayamos a la sustancia. La izquierda se define (o debería hacerlo) por una sensibilidad social. Pero, ¿ha sido así?

Si examinamos la participación en el PIB de las rentas del capital y las del trabajo, nos encontramos con que la mayor participación de las segundas (50 por ciento respecto al 41 por ciento) ¡se produce en el año 2000; esto es, en el mandato del derechista Aznar! Hoy, con el "progresista e izquierdista" Zapatero, la proporción es de 48 y 43 por ciento respectivamente.

Y si nos centramos en el corazón de la crisis, ésta ha sido consecuencia del infame negocio bancario de vender caro en España el dinero que adquiría barato en Europa. Nuestro sistema financiero (bancos y cajas de ahorros) no tenía el más mínimo escrúpulo en sobrevalorar las hipotecas empujando al españolito medio a endeudarse hasta las cejas en una carrera frenética que le ha llevado al precipicio.

¿Quién es el responsable de este crimen económico? ¿El pueblo de a pie, que ignoraba la esencia del disparate y a quien se animaba a vivir por encima de sus posibilidades, o el obsceno negocio de los bancos? Los beneficios han sido de la banca, que ahora requiere nuestra solidaridad en forma de afianzamientos sin que ni uno solo de sus dirigentes haya sido responsabilizado de nada.

¿Y qué decir de los millonarios bonus y dividendos distribuidos por resultados ficticios, falsos? ¿A alguien se le ha requerido para que devuelva lo que nunca había verdaderamente ganado? Son los mismos que hoy se nos presentan como los únicos que nos pueden salvar del desastre al que ellos nos han llevado.

25/05/2011   Enrocados en si mismos

A nuestra casta política las concentraciones en la Puerta del Sol madrileña y otras ciudades españolas le han cogido con el culo al aire. Resulta patético, si no fuera trágico, el onanismo mental que practican unos y otros, peperos y socialistas, para arrimar el ascua (y ardiente, en este caso) a su mínima sardina. Están encantados de haberse conocido a sí mismos?

Para unos, se trataría de una conspiración judeo-masónica-bolchevique orquestada por ese mago Merlín, mefistofélico que sería el vicepresidente Rubalcaba. Para el melifluo y sonriente Zapatero y su paje José Blanco resultaría una justa queja de una masa social de indiscutible "naturaleza progresista y de izquierdas", cuya decantación electoral debería ser evidentemente el PSOE.

Siguen en la rama más alta de sus higueras. Continúan pensando que el universo comienza y termina en las paredes de las calles Ferraz o Génova.

Ni se han enterado, y doy fe de que es fácil, ya que basta con escucharles. Esas gentes espontáneamente reunidas están rigurosamente hartas de Zapateros y Rajoys, de sus mensajes sectarios, de su ninguna solución, de su enrocamiento en sus privilegios, en sus gastos y en sus fastos.

¡Por Dios, que estaba cantado, antes de que fuera contado!

El CIS, con tozuda continuidad, exponía que tras el principal problema, que era la crisis, el segundo resultaba quien debía sacarnos de ella, la oligarquía política.

Zapatero en sus mítines reclama un voto que precisamente clama contra su absoluta incompetencia, contra su olvido de jóvenes y parados. Porque, que se sepa, quien ha gobernado estos últimos siete años es ZP. E igual desconfianza merece la oposición. Y el sistema político en su generalidad, que se abisma, progresivamente alejado de la realidad social. Tan alejado que nuestros representantes no comprenden ese grito de cólera, de hartazgo y de rechazo que merecen de sus representados.

Sordos y ciegos, pero no mudos.

No se hartan de decir tonterías.

18/05/2011   ¡¡Viva Bakunin!!  

Es de imposible conciliación la propaganda política con el respeto al sentido común del ciudadano. Es más fácil patear el hígado que movilizar la inteligencia provocando la reacción tribal de abrazarse al tótem propio y sacar las tripas (metafóricamente, o no) del adverso.

Como resulta ocioso, el señalar el absoluto desastre de la ninguna gestión por el Gobierno zapateril frente a la mayor crisis que ha sufrido y sufre nuestro país. Primero, como los avestruces, enterró la cabeza para no ver, y luego aplicó ineficaces y disparatadas medidas populista-peronistas dignas del Ejecutivo más incompetente y reaccionario en la esperanza de que todo fuera vaivén y no abismado terraplén.

Y, así, afirmar ahora, obscenamente, que la culpa la tuvo el PP es equivalente a la desfachatez del médico que acaba de enterrar por pulmonía a quien trataba desde hacía meses de un resfriado mal curado por el anterior médico.

Lo que no significa que el anterior galeno sea ajeno. Y a ello voy.

Hoy vemos al Partido Popular exultante, exponiendo que al fin del aznarato España quedó en una posición económica espléndida, con desempleo ínfimo tras haber creado más puestos de trabajo que nunca... una verdad tan cierta como mentirosa.

Porque si nuestra crisis presente es la que es, es porque empezó siendo la que fue: la estúpida orgía inmobiliario-financiera generada, mantenida y desarrollada bajo el mandato de Aznar, cuando el gran negocio de la banca era endeudar a España a bajo interés... y endeudar a los españoles por un diferencial más alto concediendo fantasiosos préstamos que ahora todos debemos devolver salvando a esa misma banca que con tanta desvergüenza nos ha puesto en el límite del hundimiento.

Y Zapatero no es presidente desde ayer, sino desde hace más de siete años. ¿Hizo algo para enmendar aquel rumbo suicida? Nada, seguir embarcado hacia su Champions League y sonreír después esperando que amainara el temporal.

Con gobiernos así, la alternativa es la acracia.

04/05/2011  De la política y las finanzas  

Estamos en campaña-precampaña... si en alguna ocasión hemos dejado de estar en ella.

Momento en el que los partidos políticos aceleran su maquinaria publicitaria descerebrante (algunos humoristas aún la llaman "de información política").

Necesariamente, tan cívica actividad requiere que las cajas se encuentren suficientemente provistas para pagar tanto cartel, tanto panfleto, tanto spot, tanto mitin, tanto carajal de más que dudosa eficacia.

Porque los partidos, como cualquier actividad humana, no son viables sin ese trascendental elemento que se llama dinero.

Pues bien, hace unos pocos días el Consejo Europeo señaló con dedo acusador a España por la, llamémosla, oscura financiación de los partidos políticos, advirtiendo del riesgo "particularmente alto de corrupción" en los municipios de más de 20.000 habitantes, donde la opacidad de las cuentas de las agrupaciones locales resultaba paradigmática... y el 25 por ciento de los ingresos de los partidos tiene este origen.

También denunciaba el agujero negro "galáctico" correspondiente a las "independientes" fundaciones vinculables con todos y cada uno de los partidos políticos, cuya contabilidad es un secreto más sólidamente guardado que el de la fórmula de la Coca-Cola.

Y asimismo remarcaba la tan "lógica" como sorprendente negativa de toda información respecto a los créditos que con tanta generosidad los bancos conceden a los partidos, señalando con candidez digna de mejor causa (o mala uva comedida) su muy vulnerable y dependiente posición respecto a tan benéfica banca.

Si a esta falta de información se une la espectacular generosidad de las instituciones financieras en congelar, olvidar o incluso perdonar los créditos con- cedidos, se llega a una doble alternativa: o los bancos son adalides democráticos, hermanas de la caridad, o bien como acreedores marcan la conducta de sus deudores... cuyo principal activo reside en controlar el Boletín Oficial. Escoja usted la mejor solución.

27/04/2011  Libia, guerra castrada

Los primeros días de la insurrección, Gadafi aparecía herido de muerte: el este, perdido; Trípoli, semi rodeada por un anillo de ciudades en espontáneo alzamiento. Incluso en la propia capital, barrios enteros aparecían fuera de control.

Era el momento irrepetible para que Occidente, con corto esfuerzo, acabara con ese personaje.

Algo conozco de Libia, de su execrable régimen, de la astucia de su errático dirigente, de su capacidad de adaptación y sobrevivencia. Y algo también (por directa experiencia) del muy incompetente e hiperarmado ejército libio, de su (in)operatividad y de sus mandos. De sus relaciones con el terrorismo y movimientos guerrilleros de todo el mundo y, en consecuencia, de su capacidad de utilizarlas... o mantenerlas en reserva.

Libia es un escenario ideal para guerra en zona abierta... siempre que se mantengan los suministros, la logística. Y ése es el punto débil de las fuerzas de Gadafi.

Una única carretera asfaltada une el oeste con el este, despejada en centenares de kilómetros. Cualquier vehículo que la transite es un objetivo indefenso frente a quien domine el cielo: Occidente.

Una columna blindada tipo brigada (si brigada puede denominarse a lo que Gadafi despliega entre Mersa el Braga y Aghedabia) depende absolutamente de suministros sin los que en 48 horas se transforma en acero inmóvil... o destruido.

Quien conozca a los soldados de Gadafi atestiguará que operan desde la certeza de su absoluta superioridad... y la garantía de su supervivencia. Si conocen que sus blindados quedarán inmóviles, que sus cañones dejarán de disparar, que no tendrán medios de retirada, antes de llegar a este punto realizarán lo que en ironía militar se denomina "avance hacia la retaguardia".

El objetivo es negar la victoria al dictador, convencer a sus hombres que no hay futuro con él sino sin él.

Todo menos esta guerra castrada que nada soluciona, que potenciará una explosión terrorista en África (y, por ello, en Europa).

20/04/2011  Guerra y falta de competencia

Nuestro ejército ha sido reconvertido por el buenismo de nuestro presidente en una beatífica ONG para dar de comer al hambriento, de beber al sediento y posada al peregrino. El mejor ejemplo es el grotesco espectáculo que estamos dando en la guerra contra Gadafi.

En esta guerra, nuestra contribución es una broma pesada para los que realmente actúan, llevan la verdad y el peso de las operaciones.

Fuerzas navales españolas patrullan un mar en donde nada sucede. Y nuestros aviones de combate patrullan/pasean los cielos del Golfo de Sirte "implementando la prohibición de vuelos"? cuando no queda nada que pueda volar.

Cuando vuelan las balas y la realidad sobre el terreno se impone a golpe de cañonazo, matando y muriendo, la "participación" no es cuestión de pose, de metafísica política.

Nuestros aviones tienen prohibido realizar cualquier ataque sobre objetivos terrestres, cuando el único objetivo militar del conflicto es precisamente éste: las comunicaciones, los depósitos, las columnas militares gaddafistas.

Por ello, quienes verdaderamente hacen la guerra (Gran Bretaña, Francia y anteriormente Estados Unidos) exigen algo más que palabras a sus aliados: que participen con efectividad y no con apariencias. Que se involucren, que bombardeen como ellos hacen. Como la realidad exige.

Y una personal mención: nuestro Gobierno fue informado del envío de armas y su ruta a los rebeldes tuareg (a Al-Qaeda) ¡¡15 días antes de que lo denunciara el Gobierno argelino!! Y en España se encuentra el comandante chadiano que aplastó a las tropas libias, creándoles 4.000 bajas y destruyéndoles 900 tanques. Quien conoce sus mandos y sus tácticas. De unos y de otros.

¿Creen ustedes que ha realizado el elemental acto de contactarle, de recoger su experiencia? ¿O que haya actuado para interrumpir el suministro de armas a los terroristas?

En ocasiones el que esto les escribe tiene la amarga sensación de ser un perfecto imbécil. Que seguramente es.

13/04/2011 Viva Islandia

Hace algunos años, un renombrado economista me tildó de ignorante cuando apunté mi profundo escepticismo ante lo que declaré como falso dogma: que nuestro sistema bancario era sólido y saneado.

No encajaba en mi sentido común que el frenesí especulativo fundamentado en créditos exteriores a bajo interés casara con una economía realmente viable. "El mercado marca el valor", sentenció. Pero la realidad es tozuda y la economía que se fundamenta en la creación de la riqueza, y no en operaciones más propias de casino, termina por imponerse.

Estamos sufriendo el desastre en el que cajas de ahorros nos han sumido como consecuencia de una política disparatada, inversiones inmobiliarias y financiación de elefantes blancos decididas por ilustres próceres que han dejado las entidades de ahorro locales a los pie de los caballos.

Las cajas de ahorros no están dirigidas por inaccesibles banqueros? sino por inmediatos consejeros directamente nombrados por partidos políticos y sindicatos. ¿Se acuerdan del navajeo fratricida entre populares por el control de Caja Madrid?

Aquellos proyectos faraónicos, aeropuertos sin aviones, parques temáticos fracasados, espectaculares obras de gran fachada y vacío contenido, la especulación inmobiliaria pura y dura, se realizaron gracias a las decisiones de las que los partidos políticos son directos responsables.

Y ahora, con el dinero de todos, los políticos enjuagan la orgía financiera en la que nos metieron y de la que (con la excepción del socialista Álvarez Moltó) aquí no responde nadie.

Los beneficios son de unos cuantos y las pérdidas de todos. Inasequibles al desaliento e impasibles el ademán, están presentes en SU afán. La culpa, como dice la canción, fue del chachachá.

Cuando observo cómo en una remota isla nórdica, con toda lógica, se exigen responsabilidades penales a banqueros y políticos (¡¡entre ellos, al anterior presidente!!), me embarga una profunda envidia, una inmensa desesperanza.

06/04/2011 ¿Ciencia económica?

Recuerdo aquellas rotundas declaraciones de nuestros prohombres de la economía y las finanzas jurando por la salvación eterna de su alma que la Banca española era tan sólida como una roca.

Y aún me recuerdo apuntando que no era creíble semejante solidez teniendo en cuenta que nos encontrábamos en una coyuntura en la que la especulación inmobiliaria tenía un impacto fundamental en la valoración de activos de las entidades financieras.

Todos sabemos que con la economía, como con la filosofía, se puede hacer de todo. Hay "interpretaciones creativas" capaces de transformar el agua en vino, como el milagro de las bodas de Canaán.

Pero era evidente para cualquier persona con sentido común y no culterana verborrea y metalenguaje abstruso que la propiedad inmobiliaria estaba fantasiosamente sobrevalorada. Y que, cerrado el grifo de la financiación exterior, alguien tendría que pagar la juerga. Una juerga que había dejado de ser tal para convertirse en una obscena orgía en la que la mitad había quedado preñada y la otra mitad había contraído el SIDA.

Resultaba un oxímoron aquella sociedad en la que era más barato comprar que alquilar, era una directa contradicción en término. Era evidente que ese frágil andamiaje se derrumbaría y que el paro abriría una cadena de acción-reacción en la que las unidades familiares cuyo gasto equivalía a sus ingresos no serían capaces de pagar sus hipotecas en el momento en que uno de los dos perdiera su empleo. Y que las cajas se encontrarían con unos valores ficticios que contablemente mantendrían intachables sus balances aunque éstos tuvieran un agujero en la línea de flotación de mayor volumen que el que hundió.

Y aquellos negados malos augurios resultaron ciertos. Las cajas no se aguantan. Habrá que acudir a su rescate. Y lo pagaremos todos... sin que nada en lo esencial cambie. La culpa, como siempre, la tienen los que pagan, porque los que cobran son los que mandan.

Ya se sabe, pura demagogia.